Desde el pasado viernes, grupos violentos han radicalizado esta protesta, que se ha cobrado hasta el momento al menos 11 vidas humanas y que han sembrado de terror las calles de cada vez más lugares del país, con barricadas, incendios y saqueos.
El jefe militar a cargo de la seguridad de Santiago, Javier Iturriaga, decretó hoy por tercer día consecutivo toque de queda nocturno para hacer frente a las incesantes protestas sociales, que dejan ya 11 muertos en todo Chile.
Tras el calmado despertar de la capital chilena hoy, miles de ciudadanos comenzaron a concentrarse en distintos lugares de la ciudad, principalmente en la céntrica Plaza Italia, en una protesta masiva y de momento mayormente pacífica pero en la que se registran algunos incidentes.
Los manifestantes comenzaron luego a caminar por una de las avenidas hacia el oriente de Santiago, cantando canciones del cantautor chileno Víctor Jara o consignas de “ no violencia ” .
En algunos puntos de la marcha, no obstante, comenzaron a registrarse incidentes, con lanzamiento de gases lacrimógenos por parte de las fuerzas del orden.
Asimismo, a su paso, se fueron cerrando algunas paradas de metro de la línea 1, la única que se habilitó para funcionar en esta jornada.
En otras zonas de Santiago, como la plaza de Ñuñoa, donde el domingo tuvo lugar una manifestación pacífica, volvieron a concentrarse cientos de personas con cacerolas.
Las manifestaciones ciudadanas en protesta por la carestía y las desigualdades del país se dan también esta jornada en otras zonas del país, como en las ciudades de Valparaíso (centro) y Concepción (sur) , donde sí se han registrado enfrentamientos entre ciudadanos y Fuerzas de Seguridad desde temprano, motivando que se decretaran sendos toques de queda para esta noche.
La capital de Chile aspiraba a recuperar la normalidad hoy, en la primera jornada laboral desde que se radicalizaran las protestas sociales, con una línea de metro abierta y servicios de autobuses subsidiarios para tratar de que los ciudadanos acudan a sus trabajos con normalidad.
Las estampas, sin embargo, distan de ser normales, con colas enormes para comprar en los supermercados que abrieron sus puertas, custodiados por militares o carabineros, y con alta presencia del Ejército custodiando las paradas de metro.