Jaouhar Ben Mbarek y Chaima Issa, profesores universitarios y miembros fundadores del Frente de Salvación Nacional -que reúne a diferentes figuras y partidos del espectro político- se encuentran en prisión provisional desde hace más de un mes después de una campaña de detenciones contra políticos, empresarios, jueces, sindicalistas y periodistas por "complot contra el Estado".
Las trayectorias de estos dos septuagenarios, aparentemente antagónicas, están unidas por su lucha contra los regímenes autócratas de Habib Burguiba (1957-1987) y Zine El Abidine Ben Ali (1987-2011), que compartían el control absoluto del discurso político y la supresión de cualquier mínima disidencia.
Hezgui cumplió seis años de condena por pertenencia al movimiento de extrema izquierda "Perspectivas" en Borj Erroumi, un antiguo búnker de la Francia colonial conocido como el infierno carcelero, escenario de violaciones contra los derechos humanos.
"Burguiba era nacionalista y bastante progresista pero era un dictador. Él era el mundo, el padre del país y nadie tenía derecho a cuestionarle. Nosotros, para su desgracia, nos negamos y entonces nos encarceló", relata a EFE este docente jubilado.
Los cargos por los que la Justicia les procesó son, medio siglo después, los mismos que se le imputan a su hijo Jaouhar y a sus compañeros de fila: complot contra el Estado y difusión de noticias falsas. La veintena de detenidos, que están siendo investigados según la ley antiterrorista ante penas de cárcel e incluso capital, podrían permanecer en prisión hasta 14 meses a la espera de juicio.
Éste es uno de los "ataques más hostiles" contra "la oposición desde el golpe de fuerza" del actual presidente, Kais Said, que en julio de 2021 se arrogó plenos poderes y, un año más tarde, ratificó una Constitución de régimen ultrapresidencialista, denuncia Amnistía Internacional en su último informe.
Si la historia se repite por tercera vez desde la independencia de Túnez en 1958, insiste Hezgui, se debe a la falta de cultura democrática y de instituciones fuertes que permitan poner freno "a los abusos de un déspota sin dinero -cuyas arcas públicas se asoman a la bancarrota- y sin proyecto político".
BEN ALI Y LA FALSA SENSACIÓN DE LIBERTAD
En los ochenta, con los últimos coletazos de un Burgiba aislado pese a ser el presidente vitalicio, emergió el debate político en las sombras y muchos iniciaron su incursión en la militancia al abrigo de las mezquitas.
Ben Ali, ministro del Interior que apartó a Burgiba en 1987 con un golpe de palacio, ganó sus primeras elecciones con el 99,27% de los votos como único aspirante, tras rechazar candidaturas como la de Hezgui.
Durante aquella "falsa libertad", Ben Hoggui fue sentenciado a siete años de cárcel como dirigente del movimiento islámico -en la clandestinidad hasta la revolución de 2011- lo que le llevó por varias cárceles, incluida Borj Erroumi.
"Con Burguiba estábamos en la clandestinidad y a la hora pactada hacíamos una manifestación sorpresa: gritábamos, recibíamos golpes de la Policía y nos íbamos a casa", narra divertido: "cuando apareció Ben Ali esperábamos la llegada de la libertad pero arrasó con todo. Los que hablaban de democracia eran los peligrosos para el sistema".
Al igual que su hija Chaima -la única mujer entre los detenidos de esta campaña- Ibrahim fue convocado ante la Justicia castrense, a pesar de la ilegalidad de los procesos militares contra civiles, por acusaciones similares.
Sin embargo, el presidio no fue la única medida punitiva. La Policía acudía al domicilio familiar para coaccionar a su mujer, a cargo de cuatro hijos, tras hacerse con todos sus ahorros. Su esposa Fátima preparaba dulces caseros para venderlos de manera furtiva en los baños públicos. La familia estaba condenada al ostracismo social.
Los episodios de maltrato y tortura son parte la cara oculta de su historia: "no puedo contarle a mi familia, hay cosas inhumanas", pero promete compartir sus vivencias a título póstumo.
En el "sultanato" de Said, advierte Ibrahim, ese mismo discurso de odio y división ha regresado. "Ha destruido todo un país con su discurso. Quiere una guerra civil y nosotros no, por eso nos encarcela. Si hubiera una guerra, él se mantendría en el poder otros 30 años", se inquieta.