El reporte diario de la UNE señala que otras de las causas de la prolongada crisis energética en la isla caribeña son las averías habituales en las centrales termoeléctricas terrestres.
La crisis energética se ha agravado en los últimos meses con tasas de déficit que han llegado al 53 % y tres apagones nacionales de varios días completos. Actualmente, algunas regiones sólo tienen suministro eléctrico cuatro horas al día y La Habana tiene cortes diarios de hasta cinco horas.
La UNE, perteneciente al Ministerio de Energía y Minas (Minem), prevé para la jornada una capacidad máxima de generación eléctrica de 1.950 megavatios (MW) en el horario "pico", en la tarde-noche, para una demanda que prevé que alcance los 3.350 MW.
El déficit -la diferencia entre oferta y demanda- será de 1.390 MW y la afectación real -los circuitos que se desconectarán preventivamente para evitar un apagón desordenado- alcanzará los 1.460 MW en el momento de mayor consumo.
La actual crisis energética cubana se explica, a juicio de expertos independientes, por una infrafinanciación crónica de este sector, completamente en manos del Estado cubano desde el triunfo de la revolución en 1959.
Las centrales termoeléctricas están obsoletas, tras décadas de explotación y déficit de inversiones; y la paralización de otras infraestructuras está ligada a la falta de fueloil y diésel, porque el Estado no tiene divisa para importarlos.
Según diversos cálculos independientes, el Gobierno cubano precisaría entre 8.000 y 10.000 millones de dólares para reflotar el Sistema Eléctrico Nacional (SEN), una inversión fuera de su alcance. Y cualquier solución sería posible tan sólo a largo plazo.
Los frecuentes apagones lastran la economía cubana, que se contrajo un 1,9 % en 2023 y no creció el año pasado, según estimaciones del propio Gobierno. De acuerdo a esas cifras, el PIB de la isla sigue por debajo de los niveles de 2019 y no lo superará este 2025, para el que el Ejecutivo prevé un avance del 1 %.