Tras perder a finales de marzo la capital, Jartum, las FAR han concentrado sus esfuerzos en la región de Darfur, una de las zonas más ricas en recursos de todo Sudán y el principal bastión de los paramilitares en todo Sudán, un país dividido militarmente en oeste y este desde el inicio de la guerra en abril de 2023.
La batalla Al Fasher, una ciudad de importancia estratégica e histórica, es clave para dominar Darfur y controlar las rutas de suministro desde y hacia otras partes de Sudán, en el caso de las FAR. Para el Ejército, su control le permitiría avanzar más hacia el oeste de la región y plantar cara a los paramilitares en el epicentro de su poder.
Intensos combates
Alrededor de cien civiles han muerto solo en la última semana en Al Fasher como resultado de los choques entre las FAR y las Fuerzas Conjuntas, una amalgama de grupos armados darfuríes que luchan junto al Ejército y que son las responsables de que la ciudad aún no haya caído pese al asedio iniciado en mayo de 2024.
Estas fuerzas controlan todavía partes del sur, oeste y el norte de Al Fasher, donde se encuentran el centro de la ciudad, las instituciones, la sede de la 6ª División del Ejército y el mercado principal, mientras que también dominan el aeropuerto -en el oeste- pese a que éste está siendo disputado.
Las FAR -con la ayuda de aliados rebeldes y mercenarios, entre ellos de nacionalidad colombiana- están desplegadas en los barrios orientales y septentrionales, desde donde sus combatientes se infiltran hacia el centro para enfrentarse con el Ejército, que ha repelido a duras penas las constantes ofensivas de los paramilitares.
El portavoz de las Fuerzas Conjuntas, Ahmed Mustafa, dijo a EFE que después de "fracasar sobre el terreno", las FAR han recurrido a atacar con artillería pesada campamentos de desplazados como el de Abu Shouk o Nefasha, que albergan de decenas de miles de personas.
Los paramilitares ya se hicieron en abril con el control del campo de Zamzam, uno de los más grandes del país ubicado al norte de Al Fasher y ahora convertido en un cuartel de las FAR, algo que tiene una "connotación política y social porque son campos que reúnen componentes étnicos en Darfur, especialmente grupos no árabes".
Las FAR, compuestas por tribus árabes darfuríes, provienen de las milicias "janjaweed' que lideraron el genocidio de Darfur a principios de siglo en favor del régimen del ex dictador Omar al Bashir contra la resistencia de los clanes africanos que habitan en la zona, en el marco de una sistemática marginalización y opresión de la región por parte del Gobierno central.
Sin perspectivas de alto el fuego
Al Hadi Idris, líder del Movimiento de Liberación de Sudán, grupo armado que en febrero se alió con las FAR en el marco de la Alianza Fundacional de Sudán (Taasis, en árabe), afirmó a EFE que los rebeldes "tienen bajo control el 80 % de Al Fasher", por lo que consideró cuestión de tiempo hacerse con la ciudad.
"No aceptaremos un alto el fuego en Al Fasher a no ser que haya una tregua integral en el país, y tampoco permitiremos la salida de los movimientos (aliados del Ejército) de Al Fasher con sus armas en caso de que quieran retirarse de la ciudad", aseguró.
Los combates han exacerbado las crecientes necesidades humanitarias de la población, donde la ONU ha declarado la situación de hambruna, y según datos del Comisionado de Ayuda Humanitaria en Darfur Norte la capital del estado acoge a más de 800.000 personas que viven en circunstancias "catastróficas".
Y es que el asedio ha provocado una escasez casi total de medicinas y alimentos, ya que los convoyes de ayuda humanitaria apenas llegan y las FAR han excavado profundas trincheras alrededor de Al Fasher para estrechar el cerco sobre la ciudad.