Aunque la izquierda encabeza las encuestas en las últimas semanas, la ventaja es mínima y el resultado podría decantarse para uno u otro lado dependiendo de qué fuerzas superan la barrera mínima del 4 % para entrar en el Storting (Parlamento).
Los Verdes, en el bloque gubernamental, y los partidos Liberal y Cristianodemócrata, en el opositor, son los que más en riesgo parecen estar de no entrar finalmente en la Cámara, según los sondeos.
La posibilidad de que algunos electores voten de forma táctica, cambiando su decisión inicial para apoyar en su lugar en las urnas a las fuerzas pequeñas en cada bloque, podría ser determinante.
Todos los sondeos colocan desde hace meses al Partido del Progreso (Frp), una fuerza de corte xenófobo y antiislámico, como segundo partido más votado y principal fuerza dentro del bloque opositor, por delante de los conservadores, tradicionalmente la formación hegemónica en la derecha noruega.
El Frp, una formación surgida como partido protesta hace medio siglo y que después evolucionó hacia posturas favorables a una línea férrea en inmigración, ya formó parte de los dos anteriores gobiernos de la conservadora Erna Solberg (2013-2020).
Pero entonces lo hizo como socio menor de una coalición de cuatro partidos, que incluía también a los cristianodemócratas y a los liberales.
Las diferencias con los liberales y el hecho de que tanto éstos como los cristianodemócratas hayan dado su apoyo explícito a Solberg como primera ministra, complican las posibilidades del Frp de liderar un hipotético gobierno de derecha.
La líder "progresista", Sylvi Listhaug, no ha querido afirmar públicamente que aspira a ser primera ministra, aunque ha deslizado que la fuerza más votada debería gobernar. Solberg, en cambio, ha reiterado muchas veces que ella es la candidata del bloque de derecha.
Hasta hace apenas unos meses, el Partido Laborista aparecía hundido en los sondeos y la derecha acariciaba el regreso al poder cuatro años después.
Pero Støre sorprendió en abril anunciando el regreso a la política noruega como ministro de Finanzas del exprimer ministro y exsecretario general de la OTAN Jens Stoltenberg.
Desde la vuelta de Stoltenberg, que era jefe de Gobierno durante los atentados de 2011 del ultraderechista Anders Behring Breivik (con 77 víctimas mortales) y goza de gran popularidad en su país, los laboristas han remontado y lideran las encuestas con solvencia.
Cuestiones como los precios elevados, especialmente de los alimentos, la política fiscal, el precio de la vivienda o la posible eliminación del impuesto al patrimonio han tenido mucha relevancia en la campaña electoral.
Las discusiones también han girado en torno a temas como el precio de la electricidad, el medioambiente y el futuro de la explotación petrolera y gasística, un asunto sensible para el principal exportador de crudo de Europa Occidental.
La política migratoria, la sanidad, la seguridad y la relación con la Unión Europea (UE) -Noruega forma parte del Espacio Económico Europeo (EEE), pero no de la Unión Europea (UE)-, también han tenido peso.
Aunque el día oficial de las elecciones legislativas es el 8 de septiembre, cerca de un tercio de los municipios abrirán también sus colegios electorales el domingo.
La mayoría de los noruegos votan no obstante por anticipado: en 2021, casi el 58 % lo hizo.
Los datos provisionales de este año apuntan también a una cifra alta de voto anticipado: a falta de un día de que se cierre esa opción, cerca del 38 % de los inscritos en el censo lo han hecho, una cifra que, suponiendo que se alcance la misma participación que en 2021, supondría más del 50 % de los votantes. EFE