Pese a la dependencia energética de Venezuela, de donde procedía hasta ahora el 30 % del crudo empleado en Cuba, la isla aparenta normalidad dos semanas después de la captura del presidente venezolano, Nicolás Maduro, y su esposa, Cilia Flores, aunque todos los expertos coinciden en que las consecuencias van a acabar sintiéndose de forma devastadora.
Por un lado están las estaciones de servicio en el país, donde se sigue suministrando combustibles en las mismas condiciones de los últimos meses: con largas colas de espera, momentos sin servicio por falta de carburante, y con prioridad para la venta en dólares frente a los pesos cubanos.
En las aplicaciones móviles de la estatal CubaPetróleo (Cupet) y de gestión de las filas de los servicentros, Ticket, no se han notificado cambios en las últimas semanas y los tiempos de espera (que pueden ser de hasta dos meses en La Habana) no han sufrido alteraciones.
EFE solicitó un comentario a Cupet a este respecto pero hasta el momento no ha obtenido respuesta.
Tampoco se aprecian variaciones significativas en los apagones que permitan detectar cambios de tendencia atribuible al bloqueo de EE.UU., siempre en base a los datos difundidos a diario por la estatal Unión Eléctrica (UNE).
La crisis energética ya estaba pasando una elevada factura a la isla desde 2024. Por las frecuentes averías de las obsoletas centrales termoeléctricas y la falta de divisas del Estado para importar el combustible necesario se registran desde hace meses cortes eléctricos de 20 o más horas diarias en amplias regiones del país.
Desde el 3 de enero la tasa máxima de déficit -una de las pocas variables que se puede calcular con la información oficial- ha oscilado en una horquilla de ocho puntos porcentuales, entre el 52 y el 60 %, en línea con los elevados valores de finales de 2025, pero sin una dirección clara.
Los dos mayores valores, de este jueves (60 %) y viernes (57 %), se deben a problemas en las centrales termoeléctricas, pero esto no se puede vincular a Venezuela porque estas infraestructuras se nutren principalmente de crudo nacional.
Donde sí se podría ver una repercusión directa es en el número de motores de generación parados por falta de diésel y fueloil, combustibles que se importan directamente o se refinan a partir de crudo importado.
La cifra ha oscilado desde la captura de Maduro, pero de forma algo errática. Si el 3 de enero eran 88 los motores parados por falta de combustible, el 5 y el 8 del mes eran 116, mientras que desde el 9 y hasta la actualidad han sido 95 o 96 (salvo los 102 del día 15).
Distintos cálculos independientes estiman que Cuba precisa actualmente unos 110.000 barriles de petróleo al día. De ellos, algo más de 40.000 diarios se obtienen de pozos en la costa norte de la isla y los restantes 70.000, en parte se importan (el resto es déficit).
Los datos aquí se vuelven esquivos a falta muchas veces de cifras oficiales y de la intervención solapada de la denominada "flota fantasma" de petroleros, que no reportan rutas ni cargas para evitar sanciones.
Venezuela envió en 2025 unos 27.000 barriles diarios a Cuba, según el servicio especializado de Reuters; mientras que Rusia aportó cerca de 6.000 diarios y México, entre 6.000 y 12.000, dependiendo de las estimaciones, que EFE no puede verificar de forma independiente.
Este último país va a mantener por el momento sus envíos a Cuba, según una reciente reunión entre autoridades mexicanas y estadounidenses. Pero el vacío dejado por Venezuela, por sí sólo, supone ya un duro golpe a la atribulada economía de la isla.
Así lo estima el economista cubano Miguel Alejandro Hayes en un estudio facilitado a EFE que combina modelos teóricos y casos históricos similares.
Según sus cálculos, una caída del 30 % de la disponibilidad de combustible implicaría una caída del 27 % del producto interno bruto (PIB), un repunte del 60 % en los precios de los alimentos y del 75 % en los del transporte y una caída del 30 % del consumo de los hogares.
"Se trataría de una verdadera catástrofe económica y humanitaria. Ni siquiera es comparable con lo vivido en el período especial" en Cuba, dice en referencia a la otra gran crisis de las últimas décadas en la isla, la que siguió al colapso del bloque soviético.
Cuba se encuentra sumida en una crisis total. Su PIB ha caído más de un 15 % en los últimos cinco años, la inflación está disparada, la dolarización se ha impuesto, el Estado no tiene recursos para las funciones más básicas y los apagones han paralizado la producción agrícola e industrial.