Desde antes de su llegada, el presidente estadounidense fue el protagonista absoluto de la tercera jornada del Foro de Davos. Trump aterrizó en la ciudad alpina con tres horas de retraso sobre lo previsto inicialmente, debido a una avería menor del Air Force One, y dio un discurso de una hora y media de duración, el doble de lo anunciado en el programa.
En su intervención, Trump no evitó el tema estrella, Groenlandia. Volvió a reclamar la posesión de la isla, pidió "negociaciones inmediatas" para discutir su adquisición por Estados Unidos, pero dejó claro ni quiere ni recurrirá a la fuerza para lograr su objetivo.
Explicó que lo único que pide es "un bloque de hielo frío y mal ubicado" -así ha definido a la isla ártica-, pero que "puede jugar un papel vital en la paz mundial y la protección del mundo".
De momento, Dinamarca dijo que no son posibles esas conversaciones que pide Trump y el Parlamento Europeo decidió paralizar la ratificación del acuerdo que Bruselas y Washington firmaron en verano en materia comercial, por las amenazas arancelarias de Trump contra ocho países europeos por participar en maniobras militares en Groenlandia.
Y el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, aseguró que está tratando de rebajar la tensión con Estados Unidos sobre Groenlandia.
La secretaria mexicana de Medio Ambiente y Recursos Naturales, Alicia Bárcena, definió este miércoles en Davos el "Consejo de Paz" que promueve Trump como "un sistema paralelo al que existe ya en Naciones Unidas", pero que en vez de ser "multilateral y simétrico", como la ONU, donde todos los países "tienen voz y voto", "es un planteamiento muy unilateral".
La expectación por escuchar a Trump fue tal que el acceso al auditorio principal del Centro de Congresos de Davos, en el que dio su discurso, estaba completamente abarrotado de gente más de una hora antes del inicio, esperando que se abrieran las puertas. Quienes no pudieron acceder al auditorio siguieron su intervención en pantallas instaladas en el edificio o en sus móviles.
Muchos de los asistentes tenían un ojo puesto en Trump y otro en las aplicaciones de seguimiento de los mercados financieros, para comprobar el efecto de sus palabras en las bolsas.
Los asistentes al Foro de Davos, habituados a codearse con líderes políticos y económicos de primer nivel, rara vez se dejan impresionar. Por eso resultó llamativo ver este miércoles a muchos de ellos levantarse para saludar —e incluso pedir selfies— al presidente y consejero delegado de Nvidia, Jensen Huang, cuando cruzó la sala que habitualmente sirve de escenario para cerrar acuerdos y tejer contactos, vestido con su ya característica cazadora de cuero.