“Participamos (en las negociaciones) de buena fe y nos mantenemos firmes en nuestros derechos”, dijo el diplomático en X horas antes del encuentro con el enviado especial de la Casa Blanca, Steve Witkoff.
Araqchí afirmó que “los compromisos deben cumplirse”, en una aparente referencia a la salida en 2018 de Estados Unidos del acuerdo nuclear de 2015, y llamó al respeto mutuo para alcanzar un acuerdo.
“La igualdad, el respeto mutuo y el interés mutuo no son retórica, son imprescindibles y constituyen los pilares de un acuerdo duradero”, dijo.
El jefe de la diplomacia iraní llegó de madrugada a Mascate acompañado por viceministro de Exteriores, Majid Takht Ravanchi, y el portavoz del Ministerio de Exteriores, Ismail Baghaei.
El encuentro está previsto para las 10:00 hora omaní (06:00 GMT) en Mascate en el que será la primera reunión entre altos cargos iraníes y estadounidenses desde la guerra de los 12 días entre Irán e Israel y en la que Estados Unidos participó con el bombardeo de instalaciones nucleares iraníes.
Las negociaciones se celebran bajo las amenazas del presidente estadounidense, Donald Trump, de intervenir militarmente en el país persa para lo que ha desplegado el portaaviones USS Abraham Lincoln y su grupo de combate -formado por tres destructores lanzamisiles- cerca de aguas iraníes en el golfo Pérsico.
Estados Unidos busca incluir en la agenda, además del programa nuclear iraní, la limitación de sus misiles balísticos y hablar de su apoyo a los grupos regionales de Hamás, Hizbulá y los hutíes del Yemen, mientras Teherán quiere negociar exclusivamente la limitación de su programa nuclear.
Los dos países mantuvieron conversaciones el año pasado en Mascate, con Omán como intermediario, pero llegaron a su fin tras el inicio de la guerra entre Irán e Israel en junio.
Estas negociaciones se producen en uno de los momentos más bajos de la República Islámica tras vivir en enero las protestas más violentas desde su fundación en 1979, en medio de una grave crisis económica, un fuerte descontento de la población, su peor sequía en décadas y carencias de electrizad y gas.
Las protestas comenzaron en diciembre por la caída del rial, pero pronto se extendieron por el país pidiendo el fin de la República Islámica y llegaron a su fin en una represión en la que Teherán reconoce 3.117 muertos.
Pero organizaciones opositoras como HRANA, con sede en EE.UU., sitúan en 6.872, los fallecidos si bien continúa verificando más de 11.000 posibles muertes, así como 40.000 arrestos.
La relatora especial de la ONU para Irán, la japonesa Mai Sato, ha señalado a medios estadounidenses que informes de médicos dentro de Irán indicaban que podrían haberse registrado hasta 20.000 muertos por la represión, aunque según Naciones Unidas estas cifras siguen siendo difíciles de corroborar.