El director, Carlo Conti, rostro de este concurso tras varios años presentándolo, volverá a dirigirse a los italianos desde el Teatro Ariston de Sanremo (noroeste) en la noche del martes, a las 20.40 hora local (19.40 GMT), para declararlo inaugurado oficialmente.
El certamen será retransmitido en el primer canal de la televisión pública italiana (RAI) durante cinco noches, hasta que el sábado proclame su ganador y le conceda el derecho de representar a Italia en Eurovisión.
En la competición, un total de treinta cantantes o grupos que representarán un amplísimo abanico de estilos o generaciones.
Estarán la mítica 'Bambola', Patty Pravo; cantautores ya afamados como Tommaso Paradiso, Mara Sattei, Levante o Fulminacci; dúos insólitos como el de Fedez y Marco Masini; la siempre provocadora Elettra Lamborghini, que cantará el himno 'Aserejé' con Las Ketchup en la gala de las colaboraciones, o raperos como J-Ax o Nayt.
Por otro lado, a Conti le acompañarán en la presentación figuras como la italiana más internacional, Laura Pausini -catapultada en 1993 desde este mismo escenario-, la estrella de las telenovelas turcas Can Yaman o el camaleónico Achille Lauro.
El Festival de Sanremo nació en 1951, en una Italia que caldeaba sus Años de Oro tras la posguerra, y aunque a lo largo de su larga historia ha vivido altibajos, en las últimas ediciones ha experimentado una nueva era de esplendor cosechando impresionantes datos de audiencia que en 2025 superaron el 70 %.
Por eso, lo que ocurra sobre el escenario del Teatro Aristón, una verdadera pila bautismal para todo artista que se precie en el país, acaparará la atención, convirtiéndose la mañana siguiente en una especie de 'monotema' en las calles, las redes y los medios.
Porque Sanremo no solo va de cantar, sino que ofrece una suerte de radiografía social del país acogiendo todo tipo de homenajes, recuerdos y, como es natural, más de una polémica.
Por ejemplo, este año sus preparativos se han visto empañados por la renuncia a copresentar el certamen de un cómico, Andrea Pucci, vinculado a la ultraderecha y criticado por sus bromas sobre mujeres y homosexuales, lo que avivó el debate sobre la libertad de expresión.
Pero, en la víspera de la inauguración, de lo que más se habla es sobre los rumores de una eventual presencia en el Ariston de la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, a la que la oposición suele acusar de colonizar la televisión pública.
Conti ha defendido el festival como un escenario independiente y neutro, alejado de las pugnas políticas de cada día, y, por eso, ha opinado que la mandataria no debería asistir.
"No creo que deba venir, aunque si compra la entrada puede hacerlo como cualquier otro ciudadano", ha zanjado este lunes en la rueda de prensa previa a la inauguración del concurso.
Sobre él, se ha declarado "un hombre libre" que ejerce su trabajo con "independencia".
Poco después intervino Meloni para negar su presencia en Sanremo: "Es una noticia totalmente inventada", ha asegurado desde sus redes sociales.
Para declarar acto seguido y con cierto aire de reproche: "Mientras yo seguiré con mi trabajo. Estoy convencida de que Sanremo sabrá brillar sin invitados imaginarios".
Por otro lado, conquistar Sanremo conlleva la posibilidad de representar a Italia en Eurovisión, aunque no la obligación, pues el ganador puede declinar (el año pasado, por ejemplo, el triunfador Olly rechazó el 'europase' y le sustituyó el segundo, Lucio Corsi).
Y ya hay artistas, como la cantautora Levante, que de llevarse la palma no viajará a Viena para Eurovisión dada la presencia de Israel, según anunció hace unos días.