"África austral ha pasado de la sequía provocada por El Niño en 2023-24 a las fuertes lluvias e inundaciones repentinas asociadas con La Niña en 2025-26, que afectaron a Mozambique, Madagascar, Sudáfrica, Zimbabue, Malaui y Zambia", afirmó la OCHA en un comunicado.
El Niño y La Niña son fases opuestas del ciclo El Niño-Oscilación del Sur (ENOS) en el Pacífico ecuatorial que alteran el clima global. El Niño calienta las aguas y causa sequías e inundaciones, mientras La Niña enfría el océano, provocando vientos y el efecto contrario.
De los casi 1,9 millones de personas afectadas, precisó la agencia de la ONU, se estima que 723.000 lo fueron por las fuertes lluvias e inundaciones en Mozambique, mientras que "más de 681.000 se vieron afectadas por ciclones en Madagascar".
Asimismo, unas 175.000 personas -del total de los casi 1,9 millones- sufrieron desplazamiento forzoso y 1.400 resultaron heridas, en tanto que 293.000 casas fueron dañadas.
"Las graves inundaciones y los sucesivos ciclones han causado muertes, desplazamientos generalizados, la destrucción de hogares y medios de vida y grandes pérdidas de cosechas, especialmente en Madagascar y Mozambique", subrayó la OCHA.
Con el pronóstico de nuevas lluvias hasta junio próximo, advirtió, el riesgo de inundaciones "sigue siendo alto, lo que agrava la inseguridad alimentaria, los brotes de enfermedades y ralentiza las labores de recuperación".
Aunque los socios humanitarios de la región han colaborado con los gobiernos para brindar asistencia vital, como alimentos, agua potable, saneamiento, atención médica de emergencia y refugio temporal, las operaciones afrontan aún "importantes desafíos, como la financiación limitada".
Además, las carreteras y puentes inundados y dañados han impedido el acceso humanitario, aislando a comunidades y retrasando la entrega de la ayuda, según la agencia de la ONU.
Asimismo, las lluvias constantes y la saturación de las cuencas fluviales han prolongado los desplazamientos y han aumentado el riesgo de brotes de enfermedades transmitidas por el agua, lo que supone una presión adicional para los frágiles sistemas de salud.