En el parque Gan Haatsmaut del Jerusalén Oeste israelí, en un día semisoleado, una cincuentena de jóvenes disfrazados bailaban y bebían al ritmo de música electrónica junto a un escenario transportable.
De cuando en cuando, las sirenas sonaban en los cielos de la ciudad y la música se paraba: en orden, todos se metían en un refugio subterráneo público, donde los jóvenes seguían la fiesta mezclados con familias, junto a una montaña de mantas para los que pasan allí la noche.
En Purim se celebra cada año en las calles de Israel con fiestas y desfiles la salvación del pueblo judío en el antiguo Imperio Persa (actual Irán), una efeméride que este 2026 cobra para los israelíes más significado que nunca en medio de la guerra regional.
En la noche del martes, la comunidad religiosa ultraortodoxa ya salió a las calles de sus barrios para conmemorarla, como marca la tradición, bebiendo alcohol hasta perder el discernimiento.
Este miércoles, los desfiles anuales de Purim se cancelaron debido al estado de emergencia -que prohíbe las reuniones- en el que está sumido el país desde el 28 de febrero, cuando Israel y Estados Unidos lanzaron una ofensiva contra Irán que desató una crisis regional.
En las calles de Jerusalén Oeste, medio vacías estos días pero con algunos comercios y cafeterías abiertos, se veían en cambio personas disfrazadas caminando por las aceras, en busca de alguna fiesta para celebrarlo, tanto en el exterior como en refugios antiaéreos.
Al caer la noche, las celebraciones continuaron en el lado israelí de la ciudad santa, como a las puertas en un bar de conciertos a donde se trasladó el mismo escenario que, horas antes, habían instalado en el parque.
Allí seguía la fiesta en la calle con más música electrónica, alcohol y comida, entre alarma y alarma de los misiles iraníes, que en los últimos días no han causado muertos en Israel.
En otro punto de la ciudad, en la calle Nissim Bachar, la Policía informó de que había dispersado una fiesta con cientos de personas en la calle, en "total violación" de las instrucciones del estado de emergencia.
"Representa un peligro para sí mismos y para la vida de los agentes", avisaba el cuerpo en un comunicado, indicando que había desconectado y confiscado los altavoces.
En la parte palestina de Jerusalén -su Ciudad Vieja y su Este ocupado por Israel, de mayoría de población árabe-, la vida va recuperando la normalidad después de cinco días de guerra, en este caso sin disfraces pero siguiendo el ayuno que marca el mes sagrado musulmán del ramadán.
Desde el estado de emergencia, las fuerzas israelíes solo dejan entrar a la Ciudad Vieja a sus residentes y también a los ultraortodoxos que acuden a rezar al Muro de las Lamentaciones, uno de los lugares más sagrados del judaísmo.
En cambio, los fieles musulmanes no tienen permitido rezar por Ramadán en la mezquita de Al Aqsa, cuyo complejo lo cerró Israel al comienzo de su ofensiva a Irán. Todos los comercios de la parte vieja están cerrados.
En la Jerusalén Este palestina, que rodea a la Ciudad Vieja, los comercios sí abrían sus puertas este miércoles y los palestinos salían a comprar comida para la ruptura del ayuno, ajenos, como en el Oeste, al estallido de las sirenas.