"En todas las crisis que he presenciado, la información es tan esencial como los alimentos, el agua y el refugio. Pero cuando la información es falsa, engañosa o deliberadamente manipulada, puede agravar el miedo, obstaculizar el acceso humanitario y costar vidas", dijo el secretario general de la IFRC, Jagan Chapagain.
Según el Informe Mundial sobre Desastres 2026, publicado hoy por la IFRC, la "información dañina y los discursos deshumanizantes están debilitando cada vez más la confianza, poniendo en peligro la vida del personal humanitario y las comunidades".
Así, "en contextos polarizados y con gran carga política, los principios humanitarios, como la neutralidad y la imparcialidad, son cada vez más malinterpretados, tergiversados o atacados deliberadamente en línea", destaca un comunicado de la federación.
Ejemplo de ello, según la IFRC, sucedió durante las inundaciones en Valencia (España) en 2024 al difundirse "narrativas falsas" en internet acusando a la Cruz Roja española de desviar la ayuda hacia la población migrante, lo que alimentó los "ataques xenófobos contra las personas voluntarias".
También, la interrupción temporal de la organización humanitaria en Sudán del Sur tras rumores sobre que las agencias humanitarias estaban distribuyendo "alimentos envenenados", provocando el rechazo de la población a la ayuda vital y amenazas contra el personal local.
"Sin confianza, las personas son menos propensas a prepararse, buscar ayuda o seguir las instrucciones para salvar vidas; con ella, las comunidades actúan juntas, absorben los impactos y se recuperan con mayor eficacia. Mantener la confianza no es opcional, es una necesidad humanitaria", detalló Chapagain.
El informe indica que alrededor del 94 % de los desastres son gestionados por las autoridades nacionales y las comunidades sin ayuda internacional. Pero, pese a que el voluntariado, líderes y medios de comunicación locales "suelen ser las fuentes más fiables, operan en entornos informativos cada vez más hostiles y polarizados".
Por ello, IFRC insta a los gobiernos, empresas tecnológicas, agencias humanitarias, comunidades y actores comunitarios "a reconocer que la información confiable es una cuestión de vida o muerte" al igual que recomienda "priorizar" la información oficial de actores humanitarios, sanitarios y locales de confianza.
Aconseja, además, "invertir en una regulación basada en evidencia y apoyar los sistemas de datos locales que monitorean" tanto las crisis como "la información nociva" en pro de la transparencia y capacitar al personal de las organizaciones frente a la desinformación.