París celebra al Matisse monumental y en estado de gracia que escapó de la muerte

París, 20 mar (EFE).- Una operación quirúrgica que casi le cuesta la vida dio al pintor francés Henri Matisse, a partir de 1941, un nuevo impulso creativo que se tradujo en la etapa más prolífica y desatada de su carrera, hasta su muerte en Niza en 1954, con 84 años.

Ese periodo tardío, que para los expertos fue el de la plenitud de su talento, protagoniza esta primavera en París la exposición 'Matisse 1941-1954', una muestra de una envergadura inédita en Francia, con más de 300 obras, que han organizado mano a mano el Centro Pompidou, cuya sede está cerrada por reformas, y el Grand Palais, donde se podrá ver del 24 de marzo al 26 de julio.

Aquel encontronazo de cerca con su propia mortalidad hizo que este maestro del color se sintiera como si le hubieran quitado "el cinturón de seguridad", explicó Claudine Grammont, comisaria de esta muestra y jefa del departamento del estudio de diseño gráfico del Centro Pompidou, durante la presentación a la prensa de la exposición.

"Va a utilizar, durante esos 14 años, cada instante para llevar a buen término su obra, para ir hasta el final. Picasso decía de él en aquel momento que sabía exactamente dónde quería ir", recordó esta experta.

Tras aquella intervención quirúrgica, consecuencia de un cáncer de colon, el propio Matisse aseguraba que había empezado a mirar el mundo con una claridad nueva, pero también con una libertad inédita que le va a permitir proyectarse aún más como artista, franqueando las fronteras de la tela del lienzo.

Es la época en la que se reinventó gracias a sus 'gouaches découpées', los collages que realizaba con recortes de hojas de papel pintado con gouache (similar a la acuarela, pero formulada con pigmentos opacos y aglutinantes que permiten crear capas densas, mates y de colores vibrantes) y con los que renovó por completo su vocabulario plástico.

Por eso en la muestra parisina no faltarán algunas de sus obras más representativas con esta técnica, como 'La Tristesse du roi' ('La tristeza del rey', de 1952), 'Zulma' (1950), 'Danseuse créole ('Bailarina criolla') y, sobre todo, la serie de 'Nus bleus' ('Desnudos azules').

La exposición también ha logrado reunir en París por primera vez los paneles monumentales 'La Gerbe', 'Les Acanthes', 'L’Escargot' y 'Mémoire d’Océanie' ('La gavilla', 'Los acantos', 'El caracol' y 'Memoria de Oceanía'), una coincidencia que resalta otro de los ejes que vertebran este recorrido: la importancia de los conjuntos y series de obras.

Pero 'Matisse 1941-1954', a diferencia de la muestra que le dedicaron la Tate y el MoMA en 2014 ('Henri Matisse: the Cut-Outs'), busca mostrar que este periodo no fue solo el de los gouaches recortados, sino que en la recta final de su vida el trabajo del pintor nacido en 1869 en Le Cateau-Cambrésis tuvo una dimensión multidisciplinar.

Dan testimonio de ello los dibujos, lienzos, libros ilustrados, textiles y vidrieras que componen el corpus de obras reunidas de manera excepcional en el Grand Palais.

"Es verdaderamente el momento de gracia", opinó Grammont sobre la actividad de Matisse -quien no en vano a menudo es catalogado como el mayor artista del siglo XX junto a Picasso- en el periodo de la posguerra.

Fue en cualquier caso un viaje de ida hacia la monumentalidad, a pesar de que era un hombre mayor y al que le costaba estar de pie, por lo que muchas de sus obras de este período habrían sido imposibles sin la asistencia de sus ayudantes en un taller que por momentos quedó completamente tapizado de creaciones.

Esa grandiosidad quedó también retratada en su trabajo en la capilla del Rosario de las dominicas de Vence -una obra que además ilustra su tendencia final hacia una simplificación de las formas-, recreada en París a través de sus vidrieras.

'Matisse 1941-1954', que además de las obras del Pompidou se nutre de préstamos inéditos de particulares y de instituciones como el MoMA o la National Gallery of Art de Washington, forma parte del programa 'Constelación' con el que el centro de arte contemporáneo parisino se mantiene vivo pese al cierre de su sede por reformas hasta 2030.

En paralelo y dentro también de 'Constelaciones', el Pompidou impulsa igualmente esta primavera-verano otra gran exposición dedicada a Matisse al otro lado de los Pirineos, en el Caixaforum de Barcelona, titulada 'Chez Matisse' y que ya ha sido un éxito en Madrid durante el otoño y el invierno.

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