Los precios volvieron a encarecerse en marzo, después de haber caído hasta el 3,81 % interanual en febrero, según el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE).
Asimismo, el índice registró una alta del 0,88 % mensual en marzo, 0,18 puntos porcentuales más que en el mes anterior.
Detrás del alza figuran los precios de los transportes y la alimentación, con subidas mensuales del 1,6 % y del 1,5 %, respectivamente, y que tuvieron el mayor impacto sobre el encarecimiento reportado en marzo.
Parte de la aceleración de la inflación se debe al aumento de la gasolina, que se incrementó un 4,5 % en marzo después de caer un 0,6 % en febrero, y del diésel, que subió un 13,9 % frente al 0,2 % del mes anterior.
La guerra iniciada por Estados Unidos e Israel contra Irán, así como el cierre del estrecho de Ormuz por el que pasa alrededor de un quinto del petróleo mundial, han provocado fuertes subidas en el precio internacional del crudo.
Para responder a este aumento, el Gobierno del presidente Luiz Inácio Lula da Silva ha suspendido tributos sobre la importación, ofrecido subvenciones a las distribuidoras y reforzado la fiscalización para castigar movimientos especulativos.
Con todo, las acciones han sido menos efectivas en el control de los precios del diésel, ya que Brasil importa alrededor del 30 % y está, por tanto, más expuesto al baile de los mercados.
El Banco Central de Brasil, que sigue de cerca la evolución de la inflación, recortó la tasa de interés en su última reunión de marzo hasta el 14,75 % anual, la primera reducción desde 2024.
Sin embargo, la incertidumbre en torno a la duración del conflicto en Oriente Medio crea dudas sobre si la institución mantendrá los recortes en sus próximas reuniones.