Los detenidos, con edades comprendidas entre los 21 y los 57 años, están acusados de estafar 8 millones de yenes (unos 43.000 euros) a una mujer de unos 60 años residente en la prefectura de Nara, a la que hicieron varias llamadas haciéndose pasar por agentes de policía.
Según las autoridades, los 13 sospechosos entraron en Indonesia entre enero y febrero de este año y fueron detenidos a comienzos de marzo, y se cree que formaban parte de una red de estafas local.
De acuerdo a NHK, es la primera vez que se detiene a ciudadanos japoneses por su presunta participación en una red de estafas en Indonesia, aunque se han registrado casos similares en Camboya y otros países.
En febrero, las autoridades camboyanas dijeron que en lo que iba de año habían desmantelado ya cerca de 200 centros dedicados a las ciberestafas, en medio de las crecientes críticas internacionales por la proliferación de estos fraudes.
Desde estos centros, controlados por mafias -muchas de origen chino-, trabajadores, voluntariamente o engañados, llevan a cabo sofisticadas y multimillonarias estafas digitales en todo el mundo. De no cumplir con los objetivos, son en ocasiones sometidos a torturas y vejaciones, a veces hasta la muerte, según han denunciado la ONU e investigaciones independientes.
Estas redes operan sobre todo desde Camboya y Birmania y, tras comenzar apuntando a víctimas de Asia y después de otros continentes, han puesto el foco en España y Latinoamérica desde el pasado año.