"El condenado planeó y ejecutó meticulosamente ese delito (...) Atacó a niños indefensos que dependían de los adultos para su protección y supervivencia, y los masacró a plena luz del día sin ningún respeto por la vida humana", añadió la magistrada al dictar sentencia, según medios locales.
Komuhangi también señaló que esperaba que el condenado, Okello Christopher Onyu, mostrase algún tipo de arrepentimiento y se disculpara con las familias afectadas, aunque "no lo hizo".
Onyu, de nacionalidad estadounidense y ugandesa, acabó con la vida de tres niños y una niña, identificados como Gideon Eteku, Keisha Agenorwoth Otim, Ignatius Sseruyange y Ryan Odeke.
Todos ellos fueron apuñalados por Onyu después de que este entrase en su escuela, se identificase como un padre y discutiese con el administrador del centro.
Después de que los profesores activasen las alarmas, intentó huir, pero fue detenido por un guardia de seguridad de la cercana Iglesia Comunitaria de Ggaba.
Tras ello, los vecinos intentaron linchar al sospechoso y la Policía intervino para ponerlo a salvo en una furgoneta policial.