El estudio 'Demographia International' analizó el coste medio de la vivienda frente a los salarios medios en 96 urbes de ocho naciones durante el tercer trimestre del año anterior.
Las métricas revelaron que un hogar hongkonés necesita destinar el equivalente a 14,1 años íntegros de ingresos brutos, sin descontar el coste de vida, para adquirir un inmueble de valoración intermedia.
En el ranking global, Sídney se situó en segundo lugar exigiendo 14 años de sueldo, seguida de la californiana San José con 11,3 años, mientras Nueva York quedó relegada al decimosexto puesto con 7,5 años.
Pese a liderar el índice, la ratio de esfuerzo financiero de Hong Kong experimentó una corrección a la baja frente a los 23,2 puntos registrados en 2021, un ajuste que responde a una depreciación del 26 % en el valor de los activos desde su pico histórico, aunque un reciente rebote técnico esta primavera redujo la caída acumulada al 20,5 %.
Frente a esta radiografía, diversas instituciones chinas cuestionan la rigurosidad empírica de la metodología occidental, tachándola de ofrecer una visión sesgada del mercado.
Investigadores del Instituto Pan Sutong advirtieron en la edición previa en el rotativo estatal China Daily, que el modelo ignora la variable estructural clave de que el 46,3 % del censo reside en el parque público de viviendas o en promociones con fuertes subsidios gubernamentales.
Si la muestra se restringiera a la demanda efectiva —cuyos honorarios superan en un 40 % la media poblacional—, la presión de accesibilidad del territorio se atenuaría drásticamente, según señalan los críticos.
Asimismo, la métrica pasa por alto que la excolonia británica opera bajo un marco tributario sumamente laxo, con un tipo marginal máximo del 17 % sobre las rentas del trabajo y exención total de gravámenes indirectos (IVA), maximizando el capital disponible de las familias frente a la alta fiscalidad occidental.
Finalmente, el sobreesfuerzo de compra se ve amortiguado por unos costes hipotecarios históricamente moderados y una fiscalidad inmobiliaria mucho más baja que la estadounidense.
La academia china concluye que la elevada valoración de los activos no refleja una anomalía ni una burbuja insostenible, sino que está justificada por la fuerte regulación, la calidad de las infraestructuras y el dinamismo económico de esta plaza financiera.