Phoebe Bridgers regresa de su 'Lost Weekend' tras un viaje de pérdidas y recuerdos

Sídney (Australia), 13 ago (EFE).- Cuando Phoebe Bridgers lanzó 'Punisher' en 2020 se consolidó como una de las grandes compositoras de su generación, pero después llegó un silencio de seis años que rompió este jueves con 'Lost Weekend', un álbum donde convierte ese paréntesis en canciones sobre pérdida, amor y la distancia entre quien fue y quien es.

Desde aquel segundo trabajo en solitario, Bridgers ha seguido creciendo lejos de la estructura tradicional de una carrera discográfica, con la explosión de su grupo Boygenius, junto a Julien Baker y Lucy Dacus, ganador de tres Grammy; y colaboraciones con artistas como Taylor Swift o Lorde.

Este recorrido transformó a aquella figura de culto del 'indie' en una artista de alcance internacional, aunque también cada vez más alejada de los medios y celosa de su vida privada.

Ese aislamiento voluntario aparece también en la forma en que ha elegido presentar 'Lost Weekend', con experiencias en planetarios en las que el público debe guardar los teléfonos para escuchar el disco completo mientras las canciones se proyectan sobre una cúpula de imágenes y luces, una experiencia pensada para recuperar una relación más física con la música.

La californiana ha acompañado además su regreso con conciertos sorpresa por un dólar en pequeñas salas de Estados Unidos, con teléfonos y dispositivos de grabación prohibidos para evitar que las nuevas canciones pudieran difundirse antes de tiempo.

Musicalmente, las piezas se alejan de la estructura más reconocible de 'Stranger in the Alps' (2017) y 'Punisher' (2020) para construir un paisaje más atmosférico y expansivo, donde guitarras acústicas, cuerdas y melodías folk conviven con sintetizadores, distorsiones, silencios y voces procesadas, dando al disco una dimensión tan narrativa como sonora.

El recorrido comienza con 'The Outside', una balada lenta que incorpora un "vocoder", un programa que analiza la voz humana y la mezcla con el sonido de un instrumento, en un tema que introduce desde el principio una de las ideas centrales del álbum: la sensación de observar la propia vida desde fuera.

'Lost Boys', el primer sencillo del álbum y ya acompañado de videoclip, recurre a la figura de Peter Pan y sus niños perdidos, que "nunca crecen" y "nunca vuelven a casa", para retratar a hombres emocionalmente distantes que parecen quedar atrapados en ese lugar de incertidumbre.

La tercera canción, 'Kill Me', recuerda por su construcción a 'I Know the End', uno de los temas más celebrados de 'Punisher', y muestra una de las características del nuevo disco: canciones que parecen avanzar hacia un desenlace convencional para desviarse después mediante silencios, cambios de textura o codas inesperadas.

'The Governor's Waltz' y 'Lost Weekend' se adentran en el final de su relación con el actor irlandés Paul Mescal, incluida la ruptura de un compromiso que hasta ahora había permanecido en buena medida fuera de la exposición pública. En el segundo de estos temas, Bridgers canta que "se suponía que iba a casarse, pero decidió cancelarlo".

'Panorama' ofrece un breve respiro antes de 'Still Standing', una mirada a la compleja relación de Bridgers con su padre, fallecido en 2022, cuya figura se convierte en uno de los hilos emocionales del disco, atravesado por recuerdos fragmentados y por la dificultad de reconciliar las emociones de una infancia marcada por el alcoholismo, las drogas y la violencia doméstica.

En 'Never Going Back!', detrás de una aparente sencillez lírica, Bridgers rompe al oyente al incorporar un mensaje de voz de su padre, un detalle que devuelve al presente una relación marcada durante años por la distancia y añade otra capa de intimidad a un disco construido alrededor de los recuerdos.

Bridgers encuentra en 'Lost Weekend (Reprise)' un cierre para ese recorrido emocional y devuelve la pregunta central del álbum: ¿Qué ocurre cuando uno deja de intentar recuperar el pasado y empieza, finalmente, a vivir con él?

Con una extensa nómina de colaboradores, Bridgers, de 31 años, encuentra un hueco especial para su pareja, el artista y comediante Bo Burnham, al que dedica varias de las canciones más románticas del disco, como 'Bobby'.

Jack Antonoff, Alex G y Ethan Gruska aparecen en la producción, y figuras cercanas a Bridgers como Julien Baker y Lucy Dacus aportan voces en distintos temas. También participan músicos como Caroline Shaw, Chris Thile, Blake Mills o Cameron Winter, en una lista de créditos especialmente amplia para un álbum de 16 canciones.

Más que contar qué ocurrió durante ese supuesto fin de semana perdido, Bridgers utiliza 'Lost Weekend' para mirar hacia los años que vinieron después y transformar la ausencia en una nueva forma de presencia, un disco menos inmediato que 'Punisher', pero también más ambicioso y cohesionado, en el que algunas historias no necesitan una resolución para convertirse en canciones.

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