"Estoy muy bien", dijo sonriente, si bien reconoció ante los periodistas reunidos en la sede de la Agencia Espacial Europea (ESA), en París que ni siquiera era capaz de sujetar un bolígrafo con la mano después de la última caminata espacial: "Ahora es el momento de recuperarme y volver a ponerme en forma", explicó.
La tercera salida, realizada el martes junto a la astronauta estadounidense Jessica Meir, duró casi siete horas. Las dos trabajaron en distintas zonas de la estación para sustituir un dispositivo de navegación y una cámara, instalar cables y preparar futuras operaciones de mantenimiento.
"Es muy impresionante ver la Tierra justo bajo nuestros pies", contó Adenot, antes de explicar que dentro de la EEI uno se siente como si está "en un coche frente a un acantilado. Puedes contemplar el paisaje con sensación de seguridad". Fuera, en cambio, es como "abrir la puerta y encontrarte al borde del precipicio", detalló.
La astronauta francesa de 42 años, ingeniera y antigua piloto de pruebas de helicópteros, insistió en que una salida espacial exige una gran preparación física, para poder trabajar durante horas enfundada en un traje que pesa unos 145 kilos en la Tierra. "Es un esfuerzo colosal", aseguró.
Pero también hay que gestionar el riesgo, trabajar bajo presión, comunicarse con los equipos en tierra y estar preparada para que aparezca un problema que no estaba en ningún guion.
"Tenemos un plan A, un plan B... y todos los planes que podemos preparar", señaló. La clave, dijo, llega después: "Cuando hemos hecho todo lo posible para prepararnos, ya solo queda confiar".
Para ella, lo más extraordinario de estas operaciones es esa "coordinación sin precedentes" entre los equipos en tierra y los astronautas que trabajan fuera de la estación. Los que estamos fuera somos "los ojos y las manos" del equipo.
Adenot llegó a la EEI el pasado 13 de febrero para su primera misión espacial con una duración prevista de nueve meses. Este jueves superará los 200 días en el espacio, lo que la convertirá en el astronauta europeo que más tiempo ha permanecido en órbita en una sola misión.
Preguntada si estaría dispuesta a volver al espacio, se mostró entusiasta: "Estaré preparada para todo. Y, si me dicen que me venga, volveré con mucho gusto".
Antes de despedirse, dejó una última reflexión desde 400 kilómetros de altura, al afirmar que contemplar la Tierra hace sentirse "muy pequeño", pero también profundamente conectado con los demás. "Estamos todos en este mismo planeta", subrayó, un Tierra que "nos protege, nos une y nos ofrece todos los recursos".
En sus tres caminatas espaciales ha acumulado 19 horas y 42 minutos en el vacío, según la ESA, lo que convierte a esta francesa en uno de los grandes nombres femeninos de la exploración espacial europea.