La catástrofe dejó así, a ambos lados de la frontera, dos escenarios muy distintos en magnitud, ritmo de recuperación y posibilidades de observar sobre el terreno sus consecuencias.
Nepal ha recuperado 1.367 cuerpos y mantiene a 5.133 personas sin localizar, entre ellas 587 turistas extranjeros, frente a los 43 muertos y 519 desaparecidos contabilizados por las autoridades chinas en el Tíbet, donde 261 de quienes siguen sin localizar son extranjeros de 23 países.
Más de 21.000 efectivos participan en las operaciones en Nepal, con parte de las búsquedas concentradas en centrales hidroeléctricas donde numerosos trabajadores quedaron atrapados y donde las autoridades todavía no han determinado cuántas personas permanecen bajo tierra.
Los últimos rescates con vida se produjeron entre el 4 y el 5 de septiembre, cuando cuatro personas fueron recuperadas de estas instalaciones.
En el Tíbet, más de 2.500 rescatistas y centenares de vehículos trabajan en torno a Gyirong, donde la destrucción de la única vía terrestre de acceso a la zona, los cortes de electricidad y comunicaciones y el riesgo inicial de una nueva riada por una represa natural aguas arriba dificultaron las operaciones durante los primeros días.
Los análisis realizados hasta ahora apuntan a que el desastre comenzó con el colapso de un glaciar a gran altitud en territorio nepalí, una explicación asumida por China y respaldada posteriormente por análisis satelitales internacionales.
Expertos chinos sitúan la fractura entre los 5.200 y los 5.400 metros de altitud y describen una cadena en la que la caída de hielo arrastró rocas y detritos hasta convertirse en un flujo de barro que alcanzó Gyirong en unos siete minutos.
Los especialistas chinos descartan que el episodio se originara por la rotura de un lago glaciar.
Nepal señaló inicialmente que la causa todavía no estaba completamente determinada mientras avanzaban las investigaciones sobre el origen de la avalancha.
En Nepal, la destrucción mantiene comunidades con graves dificultades de acceso en Rasuwa y Nuwakot. La Cruz Roja y la Media Luna Roja advierten que algunas familias siguen sin servicios esenciales y calcula que un trayecto que antes requería unas tres horas puede necesitar ahora nueve o más.
Nepal comenzó este miércoles a reabrir escuelas en Bidur tras dos semanas sin clases. En Rasuwa, Nuwakot y Dhading hay 23 centros educativos afectados, con más de 7.000 alumnos matriculados, mientras unos 600 menores continúan desaparecidos.
En el Tíbet, la conexión terrestre con Gyirong fue restablecida una semana después del desastre, lo que permitió la entrada de maquinaria pesada y la recuperación progresiva de las comunicaciones.
De los 499 residentes evacuados de cinco aldeas, 444, casi nueve de cada diez, ya han regresado a sus hogares.
Nepal solo había logrado entregar a las familias 102 de los 1.367 cuerpos y restos recuperados hasta este miércoles, menos de uno de cada diez.
La Policía ha recogido 2.698 muestras de ADN, 1.286 de restos mortales y 1.412 de familiares, incluidas pruebas tomadas en el extranjero para identificar a turistas. La falta de espacio en las morgues ha obligado además a realizar entierros temporales de víctimas sin identificar.
En Gyirong, China ha desplegado laboratorios y equipos forenses para identificar mediante ADN y otros procedimientos los cadáveres recuperados.
En Nepal, periodistas nacionales e internacionales han trabajado sobre el terreno desde los primeros días, con acceso a zonas afectadas, hospitales, morgues y cementerios y contacto directo con supervivientes y familiares.
Las autoridades han difundido balances frecuentes, aunque con discrepancias entre organismos a medida que se depuraban las listas de muertos y desaparecidos.
En el Tíbet, la información sobre víctimas, rescates y daños procedió durante los primeros días fundamentalmente de las autoridades y los medios estatales. Tras la catástrofe, Pekín suspendió además la expedición de permisos para las áreas fronterizas sometidas a control especial de Shigatse, incluida Gyirong, alegando el riesgo de nuevos desastres.
Un reducido grupo de periodistas extranjeros pudo acceder a Gyirong los días 5 y 6 de septiembre, diez días después de la riada, en una visita organizada por las autoridades chinas.
El último balance oficial de víctimas de China corresponde al domingo y no ha sido actualizado en cuatro días. Human Rights Watch ha denunciado "censura y control" de la información y ha criticado la escasa presencia de las voces de las víctimas en el relato público sobre la catástrofe.