El plan, que finalmente no se concretó por la reticencia de Cuba y presiones políticas en Miami, buscaba que inversores estadounidenses tomaran el control del sector petrolero de la isla y otorgar a Washington una influencia decisiva en el país, según una fuente con conocimiento de las negociaciones que solicitó permanecer bajo el anonimato.
La propuesta fue presentada directamente por emisarios estadounidenses a Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto de Raúl Castro, y exigía la privatización de la Cupet, la empresa estatal cubana encargada de todo el sector de los hidrocarburos en la isla.
Las conversaciones transcurrieron en un momento de máxima asfixia para la isla tras la salida del poder en Venezuela del depuesto presidente Nicolás Maduro, principal aliado de La Habana, durante una operación militar estadounidense en el país suramericano.
A ello se sumaron las amenazas del presidente estadounidense, Donald Trump, de imponer aranceles a aquellos países que suministraran petróleo a Cuba, lo que limitó todavía más sus reservas.
Según la fuente, la autorización de venta de petróleo estadounidense a entidades privadas cubanas en febrero fue una muestra del interés de la Administración Trump.
Sin embargo, las autoridades de la isla recelaron de depender enteramente de una firma estadounidense, mientras que la alternativa de crear una empresa conjunta con inversores internacionales tampoco fraguó.
Además, la compleja situación legal de la Cupet, que fue demandada por ExxonMobil sobre propiedades cubanas confiscadas por el Gobierno de Fidel Castro, tampoco contribuyó al plan.
El reporte del Miami Herald compara este plan con el reciente acuerdo alcanzado por Washington con la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, por el que EE.UU. tomó el control de gran parte de las reservas de hidrocarburos venezolanas.