Japón, Corea del Sur, Singapur e incluso Tailandia reconocen que sus fuerzas militares se enfrentan a una reducción de sus efectivos en las próximas décadas acorde a la crisis demográfica que viven, marcada por tasas de natalidad en mínimos y sociedades súper envejecidas.
Los efectos de la crisis demográfica en Japón, que en 2025 registró una bajada de la natalidad hasta el mínimo histórico de 1,14 y donde la población se redujo un 2,46 % entre 2020 y 2025 según datos oficiales, se dejan sentir ya en sus zonas rurales despobladas.
Para las Fuerzas de Autodefensa (Ejército) del archipiélago, este futuro de población menguante supone igualmente menos reclutas: si el máximo permitido por ley es de 247.000 soldados, en 2024 eran 220.000, y en 2045 este número podría reducirse a 130.000 según estimaciones del ministerio de Defensa citadas por el diario Asahi.
¿La solución? Reclutar a extranjeros teniendo en cuenta ciertas cortapisas a sus funciones y grado de acceso, además de más drones e IA, según un informe de expertos para la Sasakawa Peace Foundation publicado a principios de septiembre.
Una sugerencia nada bienvenida por el Gobierno de la primera ministra, Sanae Takaichi, que se encuentra en pleno proceso de endurecer las leyes migratorias.
"Para empezar, no estamos considerando reclutar extranjeros a las Fuerzas de Autodefensa", zanjó el debate el ministro de Defensa japonés, Shinjiro Koizumi, el pasado viernes.
La solución pasa, según Koizumi, por "mejorar el tratamiento" de su personal activo, apoyar a los retirados y utilizar "la tecnología, incluida la IA, para mejorar la productividad". Incluyendo la manufactura acelerada y el despliegue de drones como prioridad de Defensa.
Corea del Sur, un país técnicamente todavía en guerra con su hermético y nuclear vecino, se enfrenta a una crisis demográfica similar a la de Japón a pesar de un repunte en la natalidad en los dos últimos años.
Esto tiene ya consecuencias bien reales para la seguridad del país: el pasado junio anunció una reducción del tamaño de la zona restringida a civiles que transcurre paralela a la frontera militar con Corea del Norte, en parte para dar respuesta a la caída del número de miembros del Ejército.
El debate en el país asiático se ha centrado en reducir la dependencia de los hombres que cumplen el servicio militar obligatorio, optando por contar con más soldados profesionales y utilizar IA, drones y sistemas no tripulados.
Según el Ministerio de Defensa, los recursos humanos disponibles para incorporarse a las Fuerzas Armadas caerán de las 257.000 personas contabilizadas en 2022 a unas 120.000 en 2043.
El Gobierno del presidente surcoreano, Lee Jae Myung, ha planteado complementar el actual sistema de conscripción con la incorporación voluntaria de personal para períodos más largos y funciones especializadas, especialmente en ámbitos tecnológicos.
También cobra fuerza en el debate público la posibilidad de extender el servicio obligatorio a las mujeres, una medida que las autoridades aseguran que por ahora no contemplan.
La situación en Corea del Sur se ve reflejada en parte en la moderna ciudad-Estado de Singapur, donde la tasa de fecundidad cayó a su mínimo histórico en 2025 (0,87 hijos por mujer). Mientras que está previsto mantener el servicio militar obligatorio para los varones, la ciudad-Estado abre además la puerta a las mujeres voluntarias para puestos en la reserva e inteligencia.
Además, frente al futuro descenso en el número de reclutas, Singapur implementa un plan de reestructuración para operar con unas Fuerzas Armadas más reducidas, mientras aumenta su apuesta en las nuevas tecnologías y sistemas de defensa autónomos.
Por su parte, en Tailandia —con una tasa de fecundidad cercana a 1,2 hijos por mujer— el Ejército mantiene un sistema de sorteo para decidir qué varones de 21 años se unen a filas.
Sin embargo, ante la escasez demográfica y en un camino similar al tomado por Japón, las Fuerzas Armadas buscan atraer a jóvenes de forma voluntaria mediante becas de estudio y promesas de inserción laboral a largo plazo.