La investigación, liderada por la organización ambientalista The Nature Conservacy, incluyó a la cuenca Tocantins-Araguaia (Brasil) y determinó que el 65 % de las especies registradas son endémicas de la propia cuenca amazónica, sin registro de ellas en otras partes del planeta.
En el estudio se advirtió que el conocimiento sobre esta diversidad todavía es incompleto debido a que cada año se continúan describiendo nuevas especies, y esa diversidad cumple funciones esenciales para el funcionamiento de los ecosistemas.
Los hallazgos consideran, además, que esta biodiversidad enfrenta múltiples amenazas que se potencian entre sí.
Entre esas amenazas se encuentran la construcción de represas, el drenaje de humedales, la canalización y desviación de ríos, la deforestación, la contaminación, la sobrepesca y los efectos del cambio climático.
Estas presiones pueden alterar los lugares donde los peces se alimentan, reproducen y migran, pues las barreras físicas pueden interrumpir las migraciones y modificar el transporte de sedimentos y nutrientes.
Como ejemplo de ello señala las represas construidas en el río Madeira interrumpieron las rutas migratorias de grandes bagres amazónicos, afectando poblaciones y actividades pesqueras asociadas históricamente a estas especies.
A estas presiones se suma el cambio climático, que está intensificando las alteraciones en la temperatura y los regímenes de los ríos.
El informe también expone que los cambios en la disponibilidad de agua, particularmente durante la estación seca, pueden afectar de manera importante a las especies de las llanuras inundables y a las comunidades que dependen de ellas.
Frente a este escenario, Amazon Forgotten Fishes plantea que la conservación debe superar las fronteras nacionales y considerar a la Amazonía como un sistema conectado.
Entre las prioridades están mantener y recuperar la conectividad de los ríos, proteger hábitats críticos, mejorar la calidad del agua, promover una gestión sostenible de los recursos y fortalecer el monitoreo científico.
La conservación de los peces amazónicos, concluye el informe, no significa únicamente proteger especies, sino preservar los procesos ecológicos que mantienen conectados a los ríos y bosques, así como los alimentos, medios de vida y expresiones culturales de las poblaciones que han dependido de estos ecosistemas durante generaciones.
Millones de personas dependen de ellos para su alimentación y sus medios de vida, especialmente comunidades indígenas y ribereñas. En algunas comunidades remotas, el consumo de pescado supera los 600 gramos por persona al día, lo que evidencia su importancia para la seguridad alimentaria.