En Ginebra, la Organización Meteorológica Mundial (OMM) advirtió que, según su nuevo pronóstico estacional, El Niño “podría alcanzar una intensidad sin precedentes, superando con creces los niveles de los registros meteorológicos que hemos utilizado durante las últimas cuatro décadas”.
El director para las Américas de la OMM, Julián Báez, señaló a BBC News que los impactos se están viendo tal como se pronosticó, con efectos muy significativos a lo largo de los países de la región. El organismo prevé que el fenómeno alcance su punto máximo a finales de 2026, sintiéndose sus secuelas mucho después.
1. Lluvias extremas, crecidas e inundaciones en el sur de Sudamérica
En la región sureste de Sudamérica —que abarca a Paraguay, el sur de Brasil, Uruguay y el norte de Argentina—, los efectos de El Niño se reflejan en las continuas precipitaciones de las últimas semanas, que escapan de los parámetros habituales.
La cuenca del río Paraná se ha incrementado notablemente, con un exceso de agua que ha requerido la liberación de su caudal en infraestructuras clave como la represa de Itaipú. Esto ha generado situaciones críticas en Argentina y, de manera muy severa, en territorio paraguayo:
En Ayolas, la sostenida crecida del río Paraná dejó a más de 3.300 personas evacuadas en la zona, mientras las autoridades mantienen un monitoreo constante ante la amenaza de nuevas crecidas.
Lea más: El Niño: SEN asiste a 5.000 familias afectadas por inundaciones y advierte sobre escenario crítico
En Encarnación se vigila de cerca el comportamiento del caudal para prevenir desbordes y anegamientos, reforzándose el control de los ríos en la zona este del país.
En Asunción y su área metropolitana, ya en octubre se había registrado una histórica y atípica granizada con un volumen de precipitación intenso, generando gran intranquilidad en la ciudadanía ante la intensificación de eventos extremos.
La crecida de arroyos como el Ñeembucú obligó a evacuar a pobladores en zonas como Valle Apua, mientras que en el departamento de Alto Paraguay las recientes lluvias han generado un doble escenario: un alivio temporal para la ganadería pero severas amenazas e interrupciones en los caminos locales.
Intensa temporada de huracanes en el Pacífico
En el Pacífico oriental, donde El Niño tiende a intensificar la actividad de los huracanes, la temporada ha sido sumamente activa. Se han registrado numerosas tormentas con nombre y huracanes de categoría mayor, superando los promedios históricos habituales debido a temperaturas oceánicas más elevadas y vientos más débiles en las capas altas de la atmósfera.
Por el contrario, el océano Atlántico ha permanecido inusualmente tranquilo. El fenómeno de El Niño tiende a aumentar la cizalladura del viento en el Atlántico Norte, un factor que desintegra las tormentas y limita drásticamente la formación de ciclones tropicales en el Caribe en comparación con una temporada promedio.
Lea más: El Niño amenaza con nuevas crecidas del río Paraná
Sequías en América Latina y otras partes del mundo
El Niño genera efectos contrastados: mientras unas zonas sufren por el exceso de agua, otras enfrentan graves sequías.
En América Latina, sectores desde el sureste de México hasta Costa Rica, además de partes de Colombia, Ecuador y la cuenca del Amazonas en Brasil, registran déficits hídricos que afectan la agricultura, reducen los niveles de agua para las hidroeléctricas y propician incendios forestales. Al otro lado del mundo, regiones como Indonesia y la India también sufren las consecuencias de sequías prolongadas y temporadas críticas de incendios.
Fuertes tifones en Asia
Más al oeste, en el Pacífico occidental, el calentamiento de las aguas altera los patrones de viento, propiciando que los ciclones se formen más hacia el este y recorran mayor distancia. Esto les permite absorber más energía de las aguas cálidas antes de tocar tierra en el este de China y Japón, convirtiéndose en tifones de extrema intensidad.
“Los efectos de El Niño son de libro de texto: se están dando de manera muy contundente en las zonas donde normalmente se espera que impacten dado que las condiciones del evento son muy fuertes y continúan fortaleciéndose”, concluye la evaluación difundida por la OMM.