La procesión inició a unas calles de la antigua estación de ferrocarriles, donde ahora opera la principal terminal del teleférico de La Paz, y fue parte de la actividad 'Ajayu: encuentro de almas y tradiciones 2026', organizada por la empresa estatal Mi Teleférico.
Dos mujeres 'amautas' lideraron la caminata portando vasijas con carbón encendido e incienso, seguidas por otros dos hombres que hicieron sonar caracolas, y por detrás estaban las personas que trasladaban algunos cráneos en urnas o bases acolchadas.
El culto a las 'ñatitas', llamadas así porque no tienen nariz, reúne cada 8 de noviembre a decenas de personas en el Cementerio General de La Paz, donde las calaveras son llevadas en urnas y les ofrecen coronas de flores, cigarrillos, música y oraciones, con la creencia de que cumplen deseos de protección y prosperidad.
Esta celebración ocurre una semana después de la fiesta de Todos los Santos, en la que se cree que las almas de los difuntos llegan cada 1 de noviembre a mediodía para visitar a sus familiares y servirse la comida y bebida que les dejan en unos altares especiales, y son despedidas en medio de rezos al día siguiente.
El presidente del Consejo Nacional de Amautas, Sergio Chura, dijo en un discurso que la devoción a las 'ñatitas' y la costumbre de esperar la visita de las almas de los seres queridos en noviembre "es ancestral" y coincide con el "ciclo de siembra y lluvia" en el campo.
El amauta Juan Carlos Ballón destacó la "energía" y el poder de hacer "milagros" de la 'ñatitas', costumbre que asoció con la visita de las comunidades prehispánicas a los llamados "chulpares" o tumbas andinas a las que acudían para entregar semillas para pedir abundancia y fertilidad.
Entre los asistentes estuvo Oscar Arteaga, quien dijo a EFE que tiene en casa "más de 200 'ñatitas'", pero que en esta ocasión solo trasladó a los cráneos bautizados como José, María, René y Martina, los que, según dijo, son "traviesos" y celosos".
Arteaga mencionó que la relación que tiene con las 'ñatitas' se basa en el 'ayni' aimara, que es un principio de reciprocidad, por lo no es partidario de los rezos u oraciones cristianas al considerar que no forman parte de la tradición original.
Por su parte, Priscila Vargas, propietaria de 22 'ñatitas', aseguró a EFE que la convivencia con estas reliquias es como mantener el trato con una persona viva. También aseguró que cada una se manifiesta en sus sueños y le comunica advertencias cuando considera de que algo malo podría suceder.
Vargas sostuvo que cada 'ñatita' tiene un "don" y que hay que cuidarla con detalles, ya sea hablándoles u ofreciéndoles aquello que más les gusta, como flores, cigarrillos, hojas de coca o alguna bebida.