Cientos de deudos colman en Lima cementerio más grande de Latinoamérica por día de muertos

Lima, 1 nov (EFE).- Cientos de deudos recorren este domingo el cementerio de Nueva Esperanza, al sur de Lima, conocido como el más grande de Latinoamérica por extenderse sobre sesenta hectáreas del desértico distrito de Villa María del Triunfo, para recordar por el día de los muertos a sus familiares enterrados en este lugar.

Desde el inicio del día, centenares de personas acuden a pie a este cementerio que ha ido creciendo de forma aleatoria sobre laderas de cerros, lo cual dificulta llegar al lugar en un vehículo, y ese ir y venir de familiares sólo terminar al anochecer.

Familias completas, ancianos o jóvenes llegan con flores, globos, bebidas y recuerdos para compartir con sus fallecidos al pie de sus nichos, un ritual que la mayoría hace cada año y que es ocasión para reunirse en honor a sus padres, abuelos o hermanos.

La señora Estela La Rosa visita a sus hijos enterrados en Nueva Esperanza desde hace tres años, pero su recuerdo la hace llorar.

"Soy su mamá y los extraño bastante", comparte con Efe la anciana, acompañada por otra familiar, sin poder contener las lágrimas.

El duelo por los hijos es una experiencia dolorosa e inolvidable, sobretodo cuando los afectados creen que hubo una intervención maligna.

Rodolfo visita este domingo a su hija, fallecida hace 30 años cuando tenía sólo un mes de nacida.

"Mi hijita nació con ojos color verde, como las hojas, y me la 'ojearon', al mes murió, existe el mal de ojo", afirmó el hombre a Efe.

Este entristecido padre señaló que era su segunda hija y que hoy al llegar a su tumba encontró los restos de un perro muerto.

"Como yo creo en Dios le hice un pago a la tierra con un poco de cerveza, porque siempre estamos expuestos a las maldades de la gente", expresó Rodolfo.

La visita a este enorme campo santo requiere mucho esfuerzo físico para recorrerlo, un sacrificio que los dolientes ofrecen en memoria de sus fallecidos.

La señora Lucía Silva, una paciente con fibrosis pulmonar, llegó este domingo a visitar la tumba de sus padres, fallecidos en 1999 y 2005.

"Siempre hay que recordarlos son nuestros padres, se han sacrificado tanto por nosotros, y nosotros por nuestros hijos", afirmó la mujer, que suele caminar despacio para completar su visita.

"Es bastante sacrificado, hay que seguir caminando hasta llegar a nuestra meta", aseguró.

Este día también es recordado por los deudos como una fecha de reunión familiar para rememorar a los patriarcas que se fueron, pero dejaron imborrables recuerdos en sus hogares.

Marcos Porras, de 36 años, visita la tumba de un hermano que falleció en una epidemia del cólera, a quien no llegó a conocer porque era bebé, pero que toda su familia lo llevaba a visitar.

En este cementerio también están enterrados los abuelos que lo criaron, pues sus propios padres fallecieron cuando Porras tenía 10 años de edad.

"Vengo todos los años, es mi día más copado, porque vengo aquí a ver a mis abuelos y luego voy a (el cementerio de) Villa El Salvador", donde están sus padres, contó Porras.

"Mis papás me dejaron a los diez años, desde los dieciséis años es una tradición que hago por mí y, en el camino, ya vienen mis hijas y me acompañan" señaló a Efe.

Porras afirmó que "lastimosamente, cuando mueren los patriarcas cada uno hace su vida, y estos momentos nos unen, luego nos juntamos en la casa, hacemos una pequeña comida y ahí terminamos el día".

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