¿Por qué los perros comen arena?
Las causas más frecuentes son banales: juego, excitación, imitación de otros perros o simple curiosidad olfativa. Pero hay situaciones que aumentan el riesgo:
- Perros que juegan una y otra vez con pelotas o palos que se llenan de arena húmeda.
- Animales muy glotones que devoran restos de comida o premios caídos en la arena.
- Cachorros que exploran el entorno con la boca.
- Algunos perros con ansiedad, estrés o problemas de conducta (pica), que tienden a ingerir objetos no comestibles.
En la mayoría de los casos, el incidente pasa desapercibido. El tutor solo se da cuenta cuando el perro empieza a mostrar molestias horas después.
Qué ocurre en el organismo cuando un perro traga arena
La arena, sobre todo cuando está mojada, es pesada y compacta. En el estómago e intestinos puede comportarse como una masa sólida: se apelmaza, absorbe agua y dificulta el paso normal del contenido digestivo.
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Los veterinarios describen varios riesgos principales:
- Irritación gástrica e intestinal, que puede causar vómitos y diarrea.
- Impactación de arena (un “tapón” en estómago o intestinos), que puede generar una obstrucción parcial o total.
- Deshidratación, por pérdida de líquidos a través de vómitos y diarrea o porque la arena “captura” agua en el tubo digestivo.
- En casos extremos, complicaciones graves como torsiones, perforaciones intestinales o necesidad de cirugía de urgencia.
La gravedad depende, sobre todo, de la cantidad de arena ingerida, el tamaño del perro y el tiempo transcurrido hasta que recibe atención.
Primeros auxilios: qué hacer si el perro comió arena
Lo primero es mantener la calma y valorar la situación. La actuación en los minutos iniciales puede marcar la diferencia.
1. Retirar al perro de la arena y del estímulo. Si el animal sigue jugando o lamiendo el suelo, debe retirarse de la zona de arena inmediatamente. Conviene:
- Evitar que siga mordiendo pelotas, palos u objetos llenos de arena.
- Colocarlo en una zona más estable (paseo marítimo, toalla limpia, césped si lo hay).
2. Observar su estado general. En los primeros minutos y horas, hay que vigilar:
- Nivel de actividad: ¿está normal, apático, decaído?
- Respiración: ¿respira bien o jadea en exceso sin haber corrido?
- Postura: ¿se encorva, se muestra incómodo al tumbarse, se mira o se lame el abdomen?
- Comportamiento: ¿parece nervioso o inquieto sin motivo?
Cualquier cambio brusco de actitud tras el incidente debe tomarse en serio.
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3. Ofrecer agua… con moderación. El acceso a agua fresca y limpia es importante, especialmente si ha estado jugando al sol y a la vez ha podido tragar algo de agua de mar. Sin embargo:
- Es preferible ofrecer pequeñas cantidades de agua con frecuencia, en lugar de dejar que beba grandes volúmenes de golpe.
- Beber en exceso y muy rápido puede favorecer los vómitos.
No se recomienda dar leche, bebidas azucaradas ni remedios caseros.
4. Valorar si es necesario ir directo al veterinario. Si se ha visto claramente al perro tragar una cantidad considerable de arena (por ejemplo, varias bocanadas, media pelota de arena mojada o más), o si se trata de un perro pequeño o cachorro, se aconseja consultar con un veterinario lo antes posible, incluso aunque todavía no presente síntomas.
En muchas playas, especialmente en zonas turísticas, hay clínicas veterinarias cercanas o servicios de urgencias 24 horas. Conviene tener localizados estos recursos antes de pasar el día en la costa.
Lo que no tenés que hacer
Los especialistas en primeros auxilios veterinarios insisten en que ciertos “trucos” caseros pueden empeorar la situación.
Por ejemplo, no inducir el vómito por cuenta propia. Forzar al perro a vomitar con sal, agua oxigenada u otros productos caseros puede provocar:
- Lesiones en la boca, esófago y estómago.
- Alteraciones electrolíticas (sobre todo con sal).
- Aspiración del vómito hacia las vías respiratorias.
La decisión de inducir el vómito, si es que procede, debe tomarla un veterinario, y hacerlo en un entorno controlado.
Tampoco es bueno dar aceites, laxantes o “purés milagro”. Administrar por iniciativa propia aceite, vaselina líquida, pan mojado, fibra o similares puede:
- Alterar aún más el tránsito intestinal.
- Dificultar la valoración veterinaria posterior.
- Provocar diarreas intensas y deshidratación.
Los laxantes solo deben emplearse si lo indica un profesional y tras valorar el estado del animal.
Por otro lado, restar importancia a signos como jadeo intenso en reposo, abdomen duro o doloroso, apatía o vómitos repetidos puede retrasar una atención que, en algunos casos, debe ser urgente.
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Señales de alarma: cuándo es una urgencia
Si, tras haber ingerido arena, el perro presenta uno o varios de estos síntomas, se considera una situación potencialmente urgente:
- Vómitos repetidos o intento de vomitar sin conseguirlo.
- Abdomen distendido, duro o muy tenso al tacto.
- Dolor evidente: quejidos al tocarle el vientre, postura encorvada, negativa a moverse.
- Diarrea abundante, especialmente si hay sangre.
- Falta total de apetito durante varias horas tras el incidente.
- Letargo, debilidad, desmayo o respiración agitada en reposo.
En estos casos, la recomendación es clara: acudir de inmediato al veterinario más cercano, informando de que el animal ha podido ingerir arena en la playa.
Cómo prevenir que el perro coma arena en la playa
Aunque no siempre es posible evitar que ingiera pequeñas cantidades, sí pueden reducirse mucho los riesgos con medidas preventivas:
- Elegir bien los juguetes: pelotas de superficie lisa y fácil de limpiar, evitando juguetes porosos que se llenan de arena y agua.
- Limpiar los juguetes con frecuencia durante el juego, enjuagándolos en agua dulce siempre que sea posible.
- Evitar lanzar comida o premios directamente sobre la arena. Mejor usar recipientes o una toalla limpia.
- Hacer pausas de descanso para que el perro se relaje y no juegue de forma compulsiva.
- Uso responsable de bozal en perros que tienden a comer cualquier cosa del suelo, siempre bajo asesoramiento profesional para elegir un modelo cómodo y seguro.
- Trabajar la obediencia básica, en especial órdenes como “soltá” o “dejá”, que pueden impedir que trague arena, piedras u otros objetos.
También es importante recordar que las playas para perros no son todas iguales: algunas tienen arena muy fina que se pega con facilidad a juguetes y pelaje; otras combinan arena y piedras, lo que suma el riesgo de ingestión de cantos pequeños que también pueden causar obstrucciones.
Una convivencia segura con el mar
Disfrutar de la playa con un perro es posible y saludable, siempre que se combine el ocio con una dosis de vigilancia. Conocer los riesgos de la ingestión de arena y los pasos básicos de primeros auxilios permite a los tutores reaccionar a tiempo y distinguir entre una simple anécdota y un problema serio.
Ante la duda, los veterinarios coinciden en una recomendación: si se sospecha que el perro ha comido una cantidad importante de arena o aparecen síntomas digestivos, es preferible consultar cuanto antes en lugar de esperar “a ver qué pasa”.