El músculo cooperativo que sostiene a las pymes

Para muchas pequeñas unidades productivas del interior, integrarse a una red cooperativa de producción puede significar acceso a mercado, escala y previsibilidad.

Con una cartera que ya supera los G. 20,7 billones y una base de depósitos de G. 18,4 billones (noviembre 2025), la estructura cooperativa de ahorro y crédito gana peso como canal de financiamiento, formalización y desarrollo para las pequeñas y medianas empresas en Paraguay. También, las cooperativas de producción siguen funcionando como una plataforma importante de escala, servicios y articulación territorial.

Cuando se habla de financiamiento para pequeñas y medianas empresas (pymes) a nivel país, la conversación suele llevar, casi por reflejo, hacia bancos, financieras o programas públicos. Sin embargo, en ese mapa hay un actor que durante años operó con enorme capilaridad, pero muchas veces con menor visibilidad en el debate empresarial, el sector cooperativista.

Hoy, ese universo ya no puede leerse como un fenómeno periférico ni exclusivamente social. En la práctica, las cooperativas funcionan como una pieza relevante del engranaje financiero y productivo, especialmente para segmentos que necesitan crédito en moneda local y cercanía operativa; estas operan con una lógica de fondeo propia y un vínculo más cercano con el pequeño negocio y el productor del interior.

Los números más recientes disponibles del Instituto Nacional de Cooperativismo (Incoop) muestran que, al cierre de noviembre de 2025, las cooperativas de ahorro y crédito tipo A acumularon una cartera de créditos de G. 20,7 billones, mientras que sus depósitos totalizaron G. 18,4 billones. Estos datos muestran una estructura sólida que se apoya principalmente en el ahorro de los socios, es decir, una base mutual respaldada en la membresía.

Cabe entender que el valor de las cooperativas no se explica únicamente por el dinero que colocan, sino por el tipo de relación que construyen con su base de clientes.

Un canal financiero con escala real

Esta premisa ayuda a entender que el crédito cooperativo ya no puede ser tratado como un actor de segundo orden. En su Informe de Estabilidad Financiera de noviembre de 2025, el Banco Central del Paraguay (BCP) ubicó en G. 26,7 billones el activo total cooperativo considerado en esa medición a junio de 2025, equivalente al 7,3% del PIB y al 10,1% del total de activos de bancos y compañías financieras.

Ese volumen obliga a cambiar la perspectiva y entender que ya no se trata solo de medir cuánto prestan las cooperativas, sino de reconocer que operan como un canal financiero con tamaño macroeconómico, especialmente en nichos donde el acceso al crédito formal sigue siendo frágil. En muchas zonas del país, el vínculo histórico con los socios, la cercanía territorial y la capacidad de evaluación más próxima del cliente convierten a la cooperativa en la primera puerta de entrada al financiamiento.

Esa capilaridad tiene una traducción concreta en el perfil del crédito. Según cifras del Incoop, al cierre de noviembre de 2025 el 95,81% de la cartera de cooperativas de ahorro y crédito estaba colocada en moneda nacional. Esto es importante para las pymes porque financiarse en guaraníes reduce el riesgo cambiario y vuelve más previsible la planificación financiera en un entorno en el que los márgenes suelen ser ajustados y la volatilidad de costos castiga con rapidez.

Ahorro local, crédito local

La estructura del pasivo cooperativo ayuda a explicar buena parte de ese comportamiento. En el informe financiero contable del Incoop correspondiente a marzo de 2025, los ahorros representaron el 85,5% del pasivo total de las cooperativas de ahorro y crédito tipo A. En junio, esa proporción subió a 85,8%. Es decir, el sistema presta sobre una base de ahorro local muy significativa, lo que le da una identidad distinta a otras entidades que suelen depender más de mercados mayoristas o fondeo externo.

Ese rasgo tiene dos lecturas. La primera es positiva, ya que las cooperativas están profundamente conectadas con la economía real y con el ahorro minorista de sus socios. Eso fortalece su capacidad de llegar a comercios, pequeños servicios, emprendimientos familiares y unidades productivas que operan fuera del radar de los grandes bancos o financieras. La segunda lectura exige más cuidado, siendo que prestar sobre una estructura muy intensiva en ahorro requiere fuerte disciplina en gestión de liquidez, riesgo y calidad de cartera.

Datos generales sobre el sector cooperativo de acuerdo a los últimos informes disponibles.

Donde la cooperativa hace diferencia para la pyme

Por otra parte, cabe entender que el valor de las cooperativas no se explica únicamente por el dinero que colocan, sino por el tipo de relación que construyen con su base de clientes. En el mundo pyme, el problema rara vez se resume a una tasa. También pesan la velocidad de respuesta, el conocimiento del negocio, la flexibilidad para entender ciclos comerciales, la cercanía territorial y la posibilidad de operar en espacios donde la banca no siempre tiene la misma presencia o apetito de captación de clientes.

Por eso, la discusión de fondo no debería girar en torno a una competencia lineal entre cooperativas y bancos, sino como una pregunta más rica sobre complementariedad. Mientras el sistema bancario concentra gran parte del financiamiento corporativo y de segmentos con menor riesgo, el canal cooperativo aparece mejor posicionado para acompañar unidades económicas de menor escala, socios productores, pequeños comercios y empresas familiares con historial más limitado o necesidades de tickets más modestos.

En esa lógica, el crédito cooperativo puede cumplir una doble función. Por un lado, actúa como puerta de entrada a la formalidad financiera. Por otro, puede convertirse en un vehículo de crecimiento para empresas que, con el tiempo, luego escalan hacia productos más sofisticados.

El nuevo puente con la agenda mipyme

La agenda pública también refuerza esa lectura. En diciembre, el Ministerio de Industria y Comercio (MIC) y la Agencia Financiera de Desarrollo (AFD) presentaron Coopemypes, un programa diseñado para ampliar el acceso al crédito de más de 1.500 mipymes a través de cooperativas de ahorro y crédito. La iniciativa contempla hasta US$ 9 millones y proyecta que, durante 2026, las 12 cooperativas participantes puedan otorgar más de 2.500 créditos productivos, con préstamos de hasta G. 350 millones destinados a capital operativo o inversión en activos fijos.

Esta iniciativa ayuda a comprender que el Estado y la banca pública de segundo piso reconocen a las cooperativas como un importante medio para empujar el financiamiento productivo, la capacitación y asistencia técnica. En su momento, el viceministro de Mipymes, Gustavo Giménez, destacó que esta alianza “refuerza el rol de las cooperativas como canal fundamental para extender el alcance de la banca de segundo piso y generar un impacto directo en la economía real”.

Asimismo, el MIC informó que, desde el 10 de noviembre de 2025, cuando comenzó la automatización del sistema bajo la nueva reglamentación, se emitieron más de 470.000 cédulas mipymes en todo el país. Ese salto de formalización amplía el universo de empresas potencialmente financiables y reordena el tablero del crédito.

En ese escenario, la cooperativa parte con una ventaja competitiva evidente: cercanía. Pero esa ventaja solo se volverá una oportunidad sostenida si viene acompañada de más profesionalización, mejor análisis crediticio y herramientas de mitigación de riesgo.

El MIC y la AFD presentaron Coopemypes, un programa diseñado para ampliar el acceso al crédito de más de 1.500 mipymes a través de cooperativas de ahorro y crédito.

Una señal a tener en cuenta

Si bien el potencial e impacto que posee el sector cooperativo sobre las pymes es indiscutible, existen aspectos que no se pueden pasar por alto, como en este caso se da con la calidad de la cartera. En marzo de 2025, la morosidad de las cooperativas de ahorro y crédito tipo A se posicionó en 7,4%, por debajo del 8,5% observado un año antes. Luego, al cierre del cuarto trimestre del 2025 el promedio ponderado de morosidad quedó en 6,8%.

La trayectoria que se ve sugiere una mejora. No obstante, el dato sigue siendo suficientemente alto como para mantener una señal. La cooperativa puede llegar donde otros no llegan, pero justamente ese alcance suele implicar una exposición mayor a clientes con ingresos más inestables, menor respaldo patrimonial o más vulnerabilidad ante shocks de actividad. En otras palabras, parte del valor del sistema está en financiar segmentos más complejos. El costo es convivir con más fricción en la cartera.

La pregunta no radica en si la morosidad es alta o baja, sino en si el sistema tiene capacidad para absorber ese riesgo sin debilitar su expansión. Ahí entran en juego la solvencia, la gobernanza, la supervisión y la calidad del origen. Sobre el punto, a marzo de 2025, la solvencia patrimonial de las entidades solidarias de ahorro y crédito tipo A se ubicó en 21,7%, mientras que a junio cerró en 21%.

Más allá del ahorro y crédito

El fenómeno cooperativo tampoco se agota en las citadas anteriormente. Las cooperativas de producción, por su parte, cumplen un papel quizás menos visible en la discusión sobre pymes, pero igual o más relevante en términos de desarrollo como sucede en el Chaco paraguayo. Su aporte muchas veces no resalta solo como préstamo directo, sino como articulación de cadenas de valor, provisión de insumos, logística, acopio, transformación y comercialización.

Para muchas pequeñas unidades productivas del interior, integrarse a una red cooperativa de producción puede significar acceso a mercado, escala y previsibilidad. Esa es otra forma de financiamiento económico, aunque no siempre quede reflejada en una línea tradicional de crédito. En esa dimensión, el cooperativismo funciona también como infraestructura empresarial.

Un actor que ya no puede quedar fuera

Actualmente, Paraguay discute con más intensidad cómo financiar a sus pymes y mipymes, cómo acelerar su formalización y cómo sostener su crecimiento en un contexto todavía marcado por restricciones de escala y productividad. En ese debate, las cooperativas pasan a tomar protagonismo, ya que combinan tres atributos de peso: tamaño financiero, arraigo territorial y propiedad de los socios, lo que les permite otorgar beneficios y ventajas.

Esto no significa que las cooperativas vayan a reemplazar a la banca y que puedan resolver por sí solas el problema del financiamiento pyme. Pero sí es importante analizar cómo fortalecer su capacidad de préstamo productivo a través de respaldos como el Fondo de Garantía del Paraguay (Fogapy) o el Fondo de Garantía de Depósitos Cooperativos del Paraguay, cómo mejorar la trazabilidad de su impacto sobre empresas, y cómo aprovechar su anclaje territorial para transformar esa cercanía en más desarrollo.

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