En muchos hogares paraguayos, el salario ya tiene dueño antes de caer en la cuenta. La cuota de la tarjeta, el préstamo del auto, la heladera y el adelanto que se pidió se descuentan casi de manera automática. Lo que queda es lo que hay para el supermercado, la farmacia y el combustible hasta fin de mes.
El informe Coordenadas Atlas muestra que el crédito de consumo corre casi tres veces más rápido que el ingreso: tomando como base 100 el primer trimestre de 2024, la cartera de consumo llegó a 158 puntos en el segundo trimestre de 2026, mientras la masa salarial se quedó en 120.
El dato que más preocupa es la expansión de las líneas de tarjeta de menos de G. 3 millones, que avanzaron alrededor de 50%: es el crédito chico, el que se usa para el día a día.
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El sueldo crece, el changuito no
En los papeles, el salario promedio subió. Pasó de G. 2,95 millones a G. 3,34 millones en el período, un alza nominal cercana al 13%. Pero descontada la inflación general, la mejora real se reduce a menos de 4%. Y medido en alimentos, el salario equivale hoy a unos G. 2,1 millones, por debajo de los G. 2,15 millones de inicios de 2024, según el informe de Coordenadas Atlas.
Los alimentos, y en particular la carne vacuna, siguen marcando el ritmo. Según Atlas, desde 2020 los alimentos acumulan un alza de 56%, casi el doble que el índice general (29,5%).
La consecuencia aparece en la mora de consumo, que había bajado de 5,6% a 4,2% entre comienzos de 2024 y para el segundo trimestre de 2026 pasó a 5,3%.
Sueldo fijo no garantiza finanzas sanas
Para Gloria Ayala Person, contar con un sueldo fijo no garantiza que un hogar esté en orden. El primer paso, sostiene, es saber con precisión cuánto entra, cuánto sale y qué compromisos ya están firmados.
Cada vez más familias destinan una porción mayor del ingreso a alimentos, vivienda, transporte, educación, salud y servicios, y a eso se suman cuotas que comprometen el salario incluso antes de cobrarlo.
El otro problema es la desorganización. “Mucha gente sabe cuánto gana, pero no cuánto gasta. Sin presupuesto, cada decisión se toma por separado y los consumos chicos, el delivery, la recarga, la salida del viernes, terminan pesando al final del mes”, sostiene la experta.
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Consejo: cuatro bolsillos para dividir
La especialista recomienda armar el presupuesto antes de que empiece el mes. Se registran los ingresos netos y los gastos se ordenan en cuatro grupos: necesidades básicas, pago de deudas, ahorro y previsiones, y gastos personales.
Los gastos que no llegan todos los meses también entran en la cuenta. Si un seguro cuesta G. 1.200.000 al año, se reservan G. 100.000 mensuales; al vencer, la plata está y no hace falta un préstamo nuevo. Lo mismo vale para la matrícula escolar, el aguinaldo de la empleada o el cambio de cubiertas.
Ayala Person sugiere fijar topes concretos para supermercado, farmacia, combustible, salidas y compras personales. El presupuesto no es un registro de lo que ya se gastó: es la herramienta para decidir antes a qué se destina cada parte del ingreso. Y el control debe ser semanal. Esperar al fin de mes deja poco margen para corregir.
La regla del 30%
Como referencia general, el total de cuotas de consumo no debería superar entre 25% y 30% del ingreso neto familiar. Con un crédito hipotecario de largo plazo, el techo puede acercarse a 35%, siempre que la familia mantenga capacidad para cubrir lo básico, ahorrar y enfrentar imprevistos.
La directora de Cadiem aclara que estos porcentajes se ajustan a cada hogar: gastos médicos, cantidad de hijos o ingresos variables cambian, y mucho, la capacidad real de pago.
Deuda para activos o generar ingresos
No toda deuda pesa igual. Un financiamiento es productivo cuando permite adquirir un activo, desarrollar una capacidad o generar ingresos: una vivienda que el presupuesto pueda sostener, una herramienta de trabajo, una capacitación pertinente o una inversión evaluada con cuidado.
Aun así, el destino no alcanza para justificarla. También cuentan el costo total, el plazo, la moneda, los riesgos y la capacidad real de pago. El problema aparece cuando se financian consumos que desaparecen antes de terminar de pagarse, o un nivel de vida que el ingreso no sostiene. Pagar en cuotas el supermercado o las salidas es empujar al mes siguiente un gasto que vuelve a aparecer.
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Cómo salir del pozo
El primer paso es reconocerla y poner todas las obligaciones en un solo cuadro: acreedor, saldo, cuota, tasa, plazo, vencimiento, mora y garantías.
Con ese mapa, la familia puede proteger los gastos esenciales, cortar temporalmente lo prescindible, no sumar cuotas nuevas y fijar un orden de pago. También puede negociar directamente con los acreedores.
Una refinanciación sirve si reduce de verdad la tasa, la cuota o el costo total. Bajar la cuota estirando demasiado el plazo puede encarecer la deuda. Y consolidar tampoco resuelve nada si las tarjetas liberadas se vuelven a usar sin cambiar hábitos.
Los ingresos extraordinarios, como el aguinaldo de diciembre, conviene destinarlos a reducir capital, empezando por las deudas más caras, sin descuidar aquellas cuyo atraso pueda poner en riesgo la vivienda, el trabajo o un bien esencial.
Una semana de colchón para empezar
El ahorro funciona como protección. Una enfermedad, una reparación, un gasto escolar imprevisto o la pérdida temporal de ingresos se convierten rápido en deuda cuando no hay reserva.
Ayala Person recomienda construir un fondo de emergencia de tres a seis meses de gastos esenciales. No hace falta arrancar con mucho: la primera meta puede ser una semana de gastos básicos, e ir subiendo. Ese dinero debe estar disponible, seguro y separado de la cuenta del día a día.
“La educación financiera tiene que traducirse en habilidades prácticas: armar un presupuesto, leer un extracto, calcular intereses, comparar el precio de contado con el financiado y distinguir una necesidad de un deseo”, sugiere Ayala.
En un año en que el crédito avanza tres veces más rápido que el sueldo, esas cuentas simples pueden marcar la diferencia entre usar la deuda y quedar atrapado en ella.
SEÑALES DE ALERTA
- Usar un crédito para pagar otro.
- Pagar el mínimo de la tarjeta.
- Refinanciar los mismos saldos una y otra vez.
- Atrasar la luz, el agua o el internet.
- Recurrir a la tarjeta para comprar alimentos y llegar a fin de mes.