Los biológicos ganan terreno, cubren 150.000 hectáreas del agro

Los biológicos ganan terreno, cubren 150.000 hectáreas del agroGentileza

El uso de bioinsumos para control de plagas y enfermedades todavía representa entre el 5% y el 10% del mercado agrícola extensivo, pero crece con fuerza desde 2022. La inoculación biológica de semillas, en cambio, ya alcanza al 95% de los productores. El Ing. Agr. Fredy Delvalle explica cómo se combinan y cuándo no deben combinarse con los productos químicos.

Durante años, “biológico” fue sinónimo de agricultura orgánica, un nicho aparte del agro extensivo. Esa frontera se borró. Hoy los bioinsumos avanzan también en la soja, el maíz y el trigo convencionales, y su combinación con los productos químicos ya es parte del manejo de muchos establecimientos. Fredy Delvalle conversó con ABC Rural sobre este crecimiento, sus límites y los errores más comunes al aplicarlos.

Una familia con varios integrantes

“Parece que se habla de una sola familia, pero existen varios tipos de productos biológicos”, advierte el ingeniero agrónomo Delvalle. Están los insectos utilizados como parasitoides, los microorganismos (bacterias, hongos, virus) y las levaduras. Un matiz que el agrónomo remarca: los extractos de algas marinas no son biológicos. “Son extractos orgánicos inertes, no se multiplican, aunque sí tienen efecto estimulante en las plantas”, aclara.

Del nicho orgánico al campo extensivo

Agroganadera Pirapey fue, según Delvalle, una de las primeras empresas en utilizar productos biológicos en el país. Las importaciones se afianzaron desde 2018, con Simbiose y luego Caltech, Arion Group y Tecnoempar. El quiebre llegó en 2022: el interés de los productores creció “gracias a los buenos resultados en el control de plagas y enfermedades”, cuenta.

El camino no fue lineal. “En principio, se confundió la homeopatía con el uso de biológicos, y lastimosamente fue mal manejado”, reconoce. Hoy lo más difundido son los productos para el suelo, la inoculación de semillas y el control de plagas y enfermedades.

El techo está lejos

La inoculación biológica de semillas ya es realizada por cerca de 95% de los productores, aunque sin estadísticas oficiales que lo confirmen. El panorama cambia si se mira solo el control de plagas y enfermedades: ahí los biológicos representan entre el 5% y el 10% del mercado agrícola extensivo. En hectáreas, el uso –en formulación única o combinado con químicos– llegaría a unas 150.000, impulsado sobre todo por los inoculantes en cultivos de granos.

Es una porción todavía chica frente al universo de la agricultura extensiva paraguaya, pero con una tendencia de crecimiento sostenido desde 2022 que no se detuvo. “Aún hay mucho por hacer en ese sentido”, resume Delvalle, y deja abierta la pregunta de cuánto más rápido podría crecer el segmento si hubiera más información técnica disponible para el productor.

Lo que aportan y lo que no

La ventaja central, según el agrónomo, es que los biológicos no generan resistencia. Además, aportan equilibrio a los cultivos para reducir el ataque de plagas y enfermedades. “No tienen un periodo de carencia como los químicos: su periodo residual es más largo”, explica. Tampoco son nocivos para la salud humana, animal ni vegetal, y los microorganismos de suelo agregan valor y reconstruyen su estructura.

Los biológicos ganan terreno, cubren 150.000 hectáreas del agro

Química y biología, aliados con reglas

La combinación entre ambos mundos ya está demostrada, con buenos resultados. “En algunos casos incluso ayudan a mejorar la acción de ciertos productos, evitando la fitotoxicidad y favoreciendo una rápida recuperación del cultivo”, señala Delvalle. Pero hay una condición innegociable: los biológicos a base de microorganismos vivos –Trichoderma, Bacillus thuringiensis, bacterias fijadoras de nitrógeno, hongos entomopatógenos– no deben mezclarse con fungicidas químicos fuertes, bactericidas, antibióticos ni fertilizantes de alta concentración o reacción ácida o alcalina extrema. “Inactivan al agente vivo”, advierte.

El desafío regulatorio

El manejo de biológicos exige rigor técnico. A diferencia de los químicos, contienen seres vivos (hongos, bacterias) que requieren control estricto de variables ambientales, momentos de aplicación y compatibilidad con otros insumos. “Eso no significa que no funcionen, como muchos quieren presentarlo por falta de conocimiento”, aclara Delvalle.

El agrónomo apunta, además, a un vacío normativo: los organismos del Estado todavía caracterizan a los biológicos con el mismo criterio que a los químicos. “Hablan de grado toxicológico del biológico para su registro, algo que no tiene ni sentido”, cuestiona. Para Delvalle, mientras esa diferencia no quede clara en el marco regulatorio, el registro y la adopción de nuevos productos seguirán siendo más lentos de lo que el mercado necesita.

La próxima ola: los metabolitos

Entre las innovaciones que se vienen, Delvalle destaca los metabolitos: sustancias químicas producidas por seres vivos (plantas, hongos y bacterias) durante sus procesos metabólicos. En la agricultura sostenible actúan como moléculas clave para el crecimiento, la defensa contra plagas, la fertilización del suelo y como componentes activos de los bioinsumos más modernos. Es, para el sector, el siguiente capítulo de una tecnología que dejó de ser una curiosidad orgánica para convertirse en una herramienta más del productor extensivo.

La tendencia, coinciden en el sector, ya no se discute: lo que resta definir es la velocidad de adopción, el acompañamiento técnico y las reglas claras que permitan que químicos y biológicos convivan sin perder eficacia en el campo paraguayo.

La comparación aplica al uso por separado de cada producto; según testimonios de productores, la combinación de ambos también da buenos resultados.

(*) Fuente: Ing. Agr. Fredy Delvalle.

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