Esta vez, la víctima fue la diputada liberal Celeste Amarilla, quien se atrevió, en plena sesión, a cuestionar el origen del dinero que permitió que los otros miembros de la misma Cámara se sienten a calentar butacas y a pretender velar por los intereses de la mayoría, cuando en realidad solo protegen sus propios intereses.
Una simple opinión, tal vez una afirmación, le ganó el castigo de dos meses de silencio, para que ya no incomode ni ofenda la dignidad de tan “distinguidas” autoridades. Sí, los mismos mandatarios que han pisoteado en innumerables ocasiones cada letra, cada palabra y cada oración plasmada en las páginas de la Constitución Nacional.
La Carta Magna fue ignorada por tanto tiempo que ya ni se sabe si sus escritos tienen peso alguno dentro de esas sesiones porque, si acaso se ingenian para nombrarla, la interpretan de forma tan antojadiza que hubiese sido preferible o resultado igual no hacerlo ante tan grotescas y groseras violaciones.
No olvidemos que el último hecho que nos ocupa en esta columna es tan solo una gota más que se acumula y que se acomoda tranquilamente en un vaso que está a punto de colmarse por el impulso del hartazgo ciudadano. Ese mismo cansancio de la gente que ya no puede ni debe permitir que impresentables se sigan riendo en nuestras caras, suspendiendo a quienes ellos quieren, para acallar las voces que molestan, que dicen verdades que duelen pero que, por sobre todo, amenazan.
Esta violación de la Constitución Nacional, así como el descaro y la sinvergüencía de los “excelentísimos” parlamentarios, deben ser castigados, más temprano que tarde. Nunca más estas personas dignas de prontuarios criminales tan largos deben volver a legislar. En su lugar, todos esos ciudadanos realmente honestos, distinguidos y preparados deberían representar a un pueblo sediento ya de justicia.
Mientras tanto, tendremos que seguir anotando barbaridad tras barbaridad, esperando pacientemente el momento justo para reaccionar y, de una buena vez, sacar del Congreso a todos los ladrones e indignos del cargo que ocupan, uno por uno.