La opacidad de la envidia vs la brillantez de la admiración
A este sentimiento poco feliz se lo confronta con la admiración. Es realmente increíble que un sentimiento tan complicado como la envidia, pueda más que el sentir admiración por el otro. La admiración es un sentimiento noble y limpio, es una forma de valorar y resaltar los logros del otro. Es expresarlo y hacérselo saber. Es, además, un sentir fácil, simple, no complejo, pero para sentirlo debemos estar equilibrados con nosotros mismos, valorados y dispuestos a calificar positivamente los logros del otro. La admiración nos permite preguntarle al otro que fue lo que hizo para obtener el logro y de esta manera obtener la fórmula del éxito.
La admiración es un sentimiento que nos provoca placer y beneplácito por los logros de las personas afectivamente cercanas. En general, cuando algo o alguien causa admiración en otro es porque posee atributos nobles y positivos, posee capacidades, recursos, fortaleza para superar situaciones difíciles, entre otras cosas, y que despiertan alegría en los otros que se manifiestan con expresiones como: ¡Que contento me pone que hayas aprobado!!, Te felicito es un gran logro!!, que fuerte que eres!!
Las causas de la admiración dependen de la sensibilidad y por la tendencia a hacer una evaluación positiva de sujetos, objetos o situaciones: alguien puede sentir admiración ante un paisaje o una flor y para otro puede resultarle algo totalmente normal o indiferente. Esto quiere decir que los parámetros de admirar a otros, son totalmente subjetivos y particulares.
¿Admiración o idealización?
En el amor funcional y saludable, por ejemplo, predomina la admiración hacia el ser amado, porque a través de valorar aquello positivo que posee, es que la elegimos para compartir tiempo con nosotros.
Admirar a una persona significa valorarla tal como es, con sus virtudes y defectos, es decir, admirar al otro en totalidad no es idealizarlo, puesto que cuando se idealiza se ven únicamente los aspectos virtuosos o positivos de la persona y se sesgan los aspectos negativos. La idealización consiste en el enaltecimiento de las virtudes del otro, negando aquellos aspectos que fastidian o molestan. Aquí el mecanismo de la negación está en su salsa. El protagonismo de lo que se considera positivo en el cónyuge es absolutamente estocástico y opaca y se niegan absolutamente aquellas partes que son un defecto.
Por lo general, la idealización es parte del período Romeico en los inicios de la relación, donde el amor y la pasión conjugados se mancomunan para centrarse en los aspectos virtuosos del otro, que no son positivos en sí mismos, sino que son virtuosos para la evaluación que se desarrolla en el período de enamoramiento. Es un período de transición de verano emocional hasta que llega el otoño y la pareja comienza a realificarse contemplando al otro en totalidad, tanto en sus aspectos positivos como negativos. Y es una etapa de conflictos puesto que aparecen las primeras discusiones, al no tolerar esas partes que siempre estuvieron pero que no eran observadas. Aquí la única clave es el tiempo. Si hay algún ingrediente central para una relación saludable, son el respeto y la tolerancia, pero son dos estados que se adquieren después de aceptar al otro en totalidad tanto en los aspectos que me enamoran y que admiro, como en los que no me enamoran y los que me desenamoran.
En el amor siempre hay admiración
En la admiración se reconocen aquellas atribuciones o propiedades notables, positivas y originales, pero es importante entender que la admiración es subjetiva porque lo que para alguno es materia de admiración para otra persona puede no serlo.
En el amor siempre hay una cuota de admiración por el otro que no implica venerarlo y menos establecer una relación de dependencia. La admiración deja de ser saludable cuando la dupla se estructura rígidamente en donde hay un admirador y un admirado. Entonces se estable una relación asimétrica, donde el admirado se encumbra, mientras que el admirador se queda por debajo sometido y ultradependiente del admirado: una especie de satélite del admirado.
Una relación amorosa sana y funcional, conlleva una importante dosis de admiración mutua. Para ser saludable debe ser recíproca y suponer un incentivo para la mejora personal y de la pareja. La admiración representa el punto de partida de una pareja: reconocer al otro como diferente, especial, con algunos atributos que nos llaman la atención. Motiva a relacionarse con el cónyuge, a que ambos aprendan del otro fortaleciendo la unión de pareja. Aparecen dos sentimientos complementarios: en el admirado la fuerza de sentirse querido y reconocido, y en el admirador el aprendizaje de las habilidades o capacidades del otro en pos de incorporarlas para sí. De esta manera se fortalece la relación porque, entre otras cosas, cuando se admira a la pareja los integrantes se llenan de orgullo, o sea que esas cualidades positivas también hablarán bien de nosotros porque hemos escogido con buen criterio al otro.
Si bien no es condición absoluta admirar al otro para conformar una pareja, podemos afirmar que es un ejercicio saludable en una relación, incluso explicitar la admiración que se siente por el otro: Sinceramente te admiro, esto que haces es fantástico / Que fuerza tienes!! Se admira lo que la otra persona hace, es, dice, siente, piensa. Además, tener consciencia de que admiro a mi pareja despierta aún más el deseo, puesto que cuando se admira a la pareja, se nos vuelve más seductora y provoca mayor deseo.
Sobreadmirar y descalificar
Admirar en extremo al otro muestra una línea muy delgada con la idealización. Si se resaltan siempre las capacidades y aptitudes del otro ¿en que lugar queda el admirador? Los admiradores compulsivos tienden a ser desvalorizados acostumbrados a no mostrarse y estar en las sombras por temor a ser criticados o descalificados, aunque esto es una neta proyección personal de esta categoría de personas que terminan construyendo profecías que se autocumple.
La necesidad de admirar es encontrar en el otro lo que cree no poseerse, aunque los desvalorizados siempre se encuentran en lo que les falta. Por lo general, el mundo externo siempre es mejor que ellos.
En el otro extremo de la sobre-admiración, se encuentran aquellos integrantes de una relación que se dedican a criticar al otro y marcarles exhaustivamente lo que le falta. Esta forma de crítica al cónyuge también aparece en desvalorizados que necesitan colocarse en un nivel superior descalificando a su pareja. Esta queja y crítica hacia el otro es opuesta a la admiración y si bien no es un mecanismo vincular saludable, hay parejas que lo han adoptado como una modalidad relacional. Están en tensión constante y conviviendo con el estrés.
Admiración mutua
La admiración en su justa medida incrementa la autoestima del admirador y del admirado, los empodera. Pero el hecho de admirar y no envidiar implica conservar la humildad auténtica, donde admirar al otro no implica perder el valor personal. Y lo importante es que la admiración sea mutua no solamente de un integrante hacia otro, de esta manera se comparte las positividades de la pareja.
Una pareja se elige por afinidades que incluye gustos, actividades y pensamientos similares como también diferentes pero que sean categorizados como complementarios. A sabiendas de que el tiempo, las experiencias y los ciclos evolutivos generan cambios que pueden hacer variar esas afinidades, pero eso depende del recontrato que la pareja quiera desarrollar. Sea como fuere la admiración perpetuándose en el tiempo es un combustible enriquecedor para la relación y para mantener el amor a lo largo de los años.