En la semana, el combo de senadores colorados conformado por Orlando Penner, Gustavo Leite, Blanca Ovelar y Lizarella Valiente, presentó un proyecto de ley para declarar el 31 de octubre como el “Día Nacional de las Iglesias Evangélicas” en Paraguay, haciendo coincidir la fecha con la Reforma Luterana.
Es bastante curioso. Si comparás lo que ofrecen varias células con la reforma que clavó Martín Lutero en 1517 en la puerta de la iglesia de Wittenberg, tienen tan poco en común que da risa. Pero en fin: si el calendario local está cargado de feriados católicos, ¿por qué no aflojarle espacio a otras confesiones? Porque, ojo, los proyectistas se emocionaron y ya están pensando en un feriado.
Y miren, como buen haragán (?), yo estoy a favor de cualquier feriado. Principalmente, porque implica cobrar más si te toca laburar igual ese día. Pero si vamos a abrir el grifo, la pregunta salta sola: ¿qué pasa con las demás religiones?
De pendejo, recorrí las proyectadas del barrio General Díaz y más de una vez entré a los negocios de los migrantes del Medio Oriente que se instalaron por ahí. No es casualidad que a esa zona se la conociera como “barrio Palestina” en la primera mitad del siglo XX, donde la colectividad árabe convivió sin drama con otras que principalmente venían huyendo de Europa del Este en el mismo cuadrante.
¿Y ellos no se merecen su feriado? Aunque estén a miles de kilómetros de su tierra, siguen saludando a la Meca, haciendo el ayuno del Ramadán y cayendo a la mezquita que encuentren en Asunción. Porque si Mahoma no va a la montaña, ya sabemos cómo sigue el cuento.
Eso es solo un botón de muestra. La colectividad judía (la no sionista, obviamente) tiene sus propios rituales y costumbres. Y casualmente, los de aquí son importantes tomadores de decisiones con mucho peso en la cúpula empresarial. Ya que los políticos siempre quieren su apoyo, sería un despropósito no otorgarles su feriado para sus festividades clave. Ni qué decir de los menonitas, o de la cantidad de colectividades que podemos seguir anotando en la lista.
La Constitución Nacional —esa que varios legisladores juran conocer pero le tienen que pedir a ChatGPT que les traduzca artículo por artículo antes de dar notas— garantiza en su artículo 24 la libertad de culto, de religión y de ideología, dejando claro que ninguna confesión es oficial. Entonces, si la relación Iglesia-Estado en este país es tan innegable como descarada, lo justo es que la torta se reparta para todos.
Así que no me escondo y me ratifico: más días festivos, más feriados, mejor paga y un merecido descanso para el que se rompe el lomo laburando.
Por ahí va la idea.