Alguna vez alguien debería asumir con honestidad los errores del pasado, nadie puede avanzar a los nuevos tiempos cuando la impunidad es el pan de cada día. Desde la propia bancada de Honor Colorado que lo defendió a capa y espada por mucho tiempo aseguraron que fueron estafados por el supuesto “letrado”, palabra que utilizamos en el sentido estrictamente criollo.
Ahora todos son víctimas, no existen otros responsables. El nuevo libreto es que Hernán Rivas actuó solo. El callado exlegistador supuestamente hizo gala de su lucidez mental y con una verborragia inusual convenció, primero a los legisladores de su bancada, y luego logró imponer por medio del voto duro mayoritario su figura para representar a dos cámaras del Congreso paraguayo -en dos periodos diferentes- ante el Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados.
Lo más raro es que cuando estaba a punto de ser condenado a la cárcel por engañar -junto a otros- a toda la población paraguaya no atinó a decir nada a su favor, no hubo argumentos, solo un tímido pedido de que se considere lo que su abogada solicitaba, no pudo sostener siquiera un punto que plantee una duda de su culpabilidad.
Y sí, estamos hablando del mismo legislador, ahora condenado por simular ser abogado, que apenas podía articular palabras ante el propio JEM, para la vergüenza (o desvergüenza) de toda la justicia paraguaya. Uno que nunca pisó la universidad, y que pasó de la noche a la mañana a juzgar a jueces y fiscales mientras varios de los miembros del propio JEM se arrodillaban al poder político.
El cuento que nos venden es que un solo letradito quiso hacerse pasar por letrado. En el fondo el supuesto abogado en realidad fue una pieza de la maquinaria que buscaba demostrar que en el copamiento del poder todo vale. En este periodo de atropellos se llegó al colmo de legislar sin permitir el debate y aprobar leyes sin leerlas, para algunos grupos políticos es más importante demostrar fuerza y atropellar las instituciones democráticas, pero ahora que esas decisiones tendrán consecuencias jurídicas, políticas y seguramente también económicas, nadie saldrá a dar la cara.
Cuando la condena era inminente, muchos de los que lo apoyaron incondicionalmente a pesar de las serias dudas sobre su formación universitaria, se apuraron en emitir comunicados, desmentidos, y a deslindar velozmente responsabilidades. Las “víctimas” que aseguran que fueron engañadas, y tratan de demostrar que no encubrieron una barbaridad, sabían perfectamente que el entonces elegido para representarlos en nada más y nada menos que en el juzgamiento de magistrados nunca en su vida había ejercido como abogado y aún así lo votaron, de eso no se vuelve.
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