Contaminación lumínica, el ladrón que nos priva de la belleza del firmamento

La polución lumínica es poco estudiada y no existen normas legales que regulen este tema en específico.ABC Color

¿Sabías que hace varias décadas, al dirigir la mirada a la bóveda celeste, era posible observar muchas más estrellas e, incluso, planetas? Este regalo natural se ha perdido con el paso del tiempo, por el avance de la silenciosa contaminación lumínica.

El ser humano se está quedando sin admirar la belleza del cielo nocturno, a causa del exceso y la mala utilización de las luces artificiales, que obstruyen la observación astronómica. Según el Atlas Mundial de Contaminación Lumínica, cerca del 83 % de la población del planeta ya no puede deleitarse con el espectáculo estelar.

Al hablar de este tema, siempre aparecen las mismas interrogantes: ¿en verdad, existe la polución lumínica? y ¿cómo es que las luces pueden contaminar el ambiente? Para muchas personas, resulta complicado entender por qué la iluminación, algo tan importante para el desarrollo de la vida humana, puede convertirse en un elemento que contribuya a la alteración de nuestro ambiente.

La imposibilidad de apreciar las estrellas no es el único efecto negativo que acarrea el exceso de luces, pues existen aves e insectos que también se ven afectados por este tipo de contaminación. Esto se presenta, en su mayoría, como resultado de la utilización de lámparas blancas para alumbrados públicos, las cuales atraen a los insectos, alterando sus ciclos vitales.

En nuestro país, la polución lumínica es poco estudiada y no existen normas legales que regulen este tema en específico. La única ordenanza que frena, en cierta manera, el avance de este tipo de contaminación, rige en la Municipalidad de Asunción y es la ordenanza 121/17, que regula los carteles luminosos en la vía pública.

Estos elementos publicitarios emiten sus luces en todas las direcciones y, de esta manera, pueden desorientar a las aves nocturnas que sobrevuelan las áreas en las que se encuentren las pantallas, cuya iluminación sobrepase los límites establecidos.

Ciertamente, la iluminación artificial nocturna resulta indispensable en las carreteras, en la circulación vehicular y, en los barrios, para promover la seguridad ciudadana. La cuestión no se reduce a dejar de utilizar las luces sintéticas y vivir en las tinieblas, sino conocer los efectos de los distintos tipos de luminarias y saber cuál es la más amigable con el ambiente.

Por más bellas que se vean las luces artificiales al ser observadas, por ejemplo, desde lo alto de un edificio, estas tienen un efecto casi imperceptible pero no menos importante en el medio ambiente. Es hora de que esta problemática, eternamente minimizada, sea tomada en cuenta para que, así, podamos recuperar el asombro ante la infinita belleza del firmamento.

Por Belén Cuevas (17 años)

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