Senderismo volcánico: el reto de escalar el Monte Scenery en la pequeña e intacta isla de Saba

San Eustaquio y Saba vistas desde la fortaleza de Brimstone.Shutterstock

Subir una escalera de piedra entre raíces, helechos gigantes y nubes bajas hasta la cumbre de un volcán caribeño. Así se vive el ascenso al Monte Scenery, el punto más alto del reino de los Países Bajos y corazón verde de Saba, una diminuta isla que parece suspendida fuera del tiempo.

Una isla mínima en el Caribe neerlandés

Saba se encuentra en el noreste del mar Caribe, en el arco de las Antillas Menores, a unos 45 kilómetros al sur de la isla de San Martín y muy cerca de San Eustaquio y San Cristóbal. Tiene apenas 13 kilómetros cuadrados y un único perfil posible: el de un volcán que se eleva abrupto desde el océano.

Vista de Saba, en el Caribe.

Llegar forma parte de la experiencia. La mayoría de los viajeros arriba vía San Martín, con un vuelo de unos 15 minutos que aterriza en una de las pistas comerciales más cortas del mundo, encajada entre acantilados.

Otra opción es el ferry desde San Martín, en un cruce que permite ver cómo el cono verde de Saba va creciendo en el horizonte.

En tierra, todo se organiza en torno a cuatro pequeñas localidades: The Bottom, la capital; Windwardside, punto de partida de muchas caminatas; Hell’s Gate y St. John’s, conectadas por una única ruta sinuosa que cose la montaña de punta a punta.

El desafío del Monte Scenery

El Monte Scenery es un volcán inactivo de 887 metros de altura. Su ascenso es la gran experiencia de senderismo de Saba y uno de los recorridos volcánicos más singulares del Caribe.

Punto de inicio del sendero de excursión al monte Scenery, que atraviesa la selva tropical, isla de Saba, en el Caribe.

El sendero más popular parte de Windwardside y se conoce, simplemente, como The Mount Scenery Trail.

La ruta está formada por más de un millar de escalones de piedra y madera que trepan por la ladera entre jardines, casas tradicionales y, poco a poco, selva.

Sendero a través de la jungla en la isla de Saba, en el Caribe.

No es una caminata técnica, pero sí exigente: el desnivel se siente en las piernas y obliga a tomarse el tiempo, detenerse a respirar y dejar que el paisaje haga lo suyo.

Sendero a través de la jungla en la isla de Saba, en el Caribe.

A medida que se gana altura, el bosque cambia. Aparecen orquídeas silvestres, bromelias, lianas y enormes helechos arborescentes. El aire se vuelve más fresco y húmedo y, según el día, una niebla baja envuelve el sendero y convierte el camino en un túnel verde.

Entre la niebla y el cráter

La cumbre suele jugar a las escondidas. Algunos días regala panorámicas limpias de 360 grados: desde el mirador se alcanzan a ver San Martín, San Eustaquio, San Cristóbal y otras islas desparramadas en el azul.

En jornadas más nubosas, la cima se transforma en un bosque de musgos, raíces y troncos envueltos en bruma.

Además del mirador principal, un pequeño desvío conduce al interior del antiguo cráter, cubierto de vegetación densa. Es un rincón silencioso, donde el volcán se siente más presente: paredes empinadas, rocas oscuras, tierra húmeda y una sensación de anfiteatro natural.

El regreso suele hacerse por el mismo camino, aunque existe una red de senderos que conecta con otros puntos de la isla. Quien disponga de más tiempo puede enlazar tramos y descubrir distintos ángulos del volcán, desde laderas cubiertas de selva hasta miradores sobre los acantilados.

Vida lenta en los pueblos de Saba

Más allá del Monte Scenery, la isla invita a bajar el ritmo. Las casas de madera blancas con techos rojos y contraventanas verdes dan una identidad muy marcada a los pueblos.

Windwardside en Saba, Países Bajos, Caribe.

En Windwardside se concentran pequeños cafés, restaurantes y tiendas donde asoman dos tradiciones locales: el encaje de Saba, trabajado a mano desde hace generaciones, y el licor Saba Spice, preparado con especias e ingredientes de la isla.

The Bottom, Saba, Caribe, Países Bajos.

Caminar sin prisa por The Bottom y St. John’s permite observar la vida cotidiana insular: escuelas, iglesias, huertas en terrazas y vistas constantes al océano.

Las tardes suelen terminar en alguno de los miradores naturales junto a la ruta, mirando cómo el sol cae detrás de las montañas o se hunde en el mar.

Un volcán que sigue bajo el agua

Si el Monte Scenery es el protagonista en tierra firme, el entorno submarino completa la experiencia volcánica. Saba es conocida en el mundo del buceo por su parque marino, donde antiguos domos de lava, pináculos y paredes sumergidas crean un paisaje espectacular bajo la superficie.

Una mujer bucea en el arrecife de la isla caribeña holandesa de Saba.

Quien practica buceo certificado encuentra aquí sitios famosos por su relieve dramático y su fauna marina.

Para quienes prefieren algo más tranquilo, el snorkel cerca de la costa permite asomarse a jardines de coral, peces de colores y fondos de roca oscura que recuerdan, una vez más, el origen volcánico de la isla.

Cuándo ir y qué tener en cuenta

El clima de Saba es cálido todo el año, con temperaturas que rondan entre los 24 y los 30 grados.

Los meses de diciembre a abril suelen ser los más secos y ventilados, una combinación especialmente agradable para hacer senderismo y disfrutar de cielos más despejados en la cima del Monte Scenery.

Isla de Saba - Oasis de la Isla del Caribe.

Entre junio y noviembre el ambiente se vuelve más húmedo, con mayor presencia de lluvias tropicales y días de nubes bajas, algo que también tiene su encanto para quien busca experimentar el bosque de niebla en todo su esplendor.

Debido al relieve, las distancias son cortas pero las pendientes son parte del paisaje. El calzado cómodo y el agua siempre a mano resultan aliados naturales.

Windwardside en Saba, Países Bajos, Caribe.

Muchos viajeros eligen alojarse en Windwardside por su atmósfera de pueblo de montaña y su cercanía al inicio del sendero principal, aunque cualquier punto de la isla está a pocos minutos en vehículo.

En una superficie mínima, Saba condensa la intensidad de un volcán, el ritmo de un pueblo caribeño y la sensación de estar en un lugar remoto. El ascenso al Monte Scenery es su eje: una escalera hacia las nubes que, peldaño a peldaño, revela una isla que se descubre mejor a pie, al ritmo del propio paso.

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