En su novela Memorias de Adriano, Marguerite Yourcenar pone en boca de su protagonista esta sentencia: el hombre que ocupa el segundo lugar obedece, se rebela o transa. En la pirámide del Quincho Santiago Peña oficia de número dos. Y parece que algo pasó entre él y el número uno. Sería una pelea de pareja agotada. Pero puede golpear al país.
Tras las elecciones municipales, sea cual fuere el resultado en cada distrito, comenzará un nuevo ciclo electoral, esta vez mirando el 2028. En el Paraguay se emprende para las elecciones, se respira por las elecciones y varios viven de las elecciones. La letanía eleccionaria no deja tiempo para pensar algo más allá. Cómo será nuestro país. Qué será de nosotros.
Las riñas entre colorados no son por el bienestar del pueblo. Son por plata. El poder es para ellos vía libre en negocios y en el saqueo impune del dinero público. Hay gente contemplando sus reyertas como si fueran vitales para el país, cuando solo buscan la hegemonía para seguir esquilmándonos. Ganan siempre ellos, perdemos siempre nosotros, que debemos seguir manteniendo la cada vez más costosa maquinaria política parasitaria.
La movilización de médicos sacó a luz asuntos postergados por el triunfalismo frívolo del gobierno. Entre el “gigante que despierta” y “la región nos envidia”, emerge una verdad: el modelo prebendario, de corrupción sistémica, se va agotando. Hoy nuestro país no tiene remedio ni remedios. “O cambiamos o nos cambian”, sostiene un cartista ultra. Por algo lo dice.
Los médicos del sector público provocaron indignación en círculos políticos, periodísticos y redesocialeros. Varios indignados son indisimulablemente idólatras del Quincho. Cómo querría un médico ganar 15 millones —por decir una cifra—, si no hay plata, brama el militante. Pero hay plata para la hija de Alliana, que gana 18 millones sin prestar servicio alguno que se conozca.
En nuestro país el patriotismo pareciera aflorar solo en momentos de euforia descontrolada, como cuando juega la Albirroja. O cuando nos sacude la declaración de un extranjero intencionado. Pero cuando debemos tomar decisiones que atañen al futuro colectivo, nos olvidamos de la patria y asumimos conductas que la traicionan, en aras de un egoísmo infame.
De pronto, pandió el cúnico en la vecindad de HC. Un Camilo Pérez angustiado apareció en radios, canales, redes y demás afirmando que el Jefe no dijo lo que dijo, que la gente es incapaz de interpretar su sabiduría. Que jamás ordenó que se cobrara peaje para entrar a Asunción. Peaje. Esta palabra alborotó la granja.
