Oportunidades perdidas por no saber de cultura

El jueves 13 de junio se cumplirán 107 años del nacimiento de Augusto Roa Bastos, y el 27 del mismo mes se celebrará el cincuentenario de la publicación de Yo el supremo, la novela de Roa que es la máxima expresión de la literatura paraguaya. En otro país algo así hubiera constituido un acontecimiento nacional con grandes actos y el gobierno a la cabeza. Aquí la cultura está a la cabeza de los recortes presupuestarios.

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Quien tiene la oportunidad de viajar comprueba la valoración de Roa Bastos en el exterior y la genuina admiración que despierta Yo el supremo en Europa y América. Grandes valores de las letras universales, como el mexicano Carlos Fuentes, se han ocupado de este libro y su autor. Pocos días atrás vino a nuestro país el catedrático estadounidense Daniel Balderston, un erudito en Borges y otros grandes, exclusivamente para estudiar los “libros perdidos” (hoy encontrados) de Roa y hacer descubrimientos asombrosos respecto a las fuentes que usó don Augusto para elaborar su texto cumbre. Una muestra de la importancia de Roa en el mundo.

En estos días habrá actos para recordar el natalicio de Roa y los 50 de su novela suprema. En esto están solo la Fundación, que dirige Mirta Roa; la carrera de Letras de Filosofía UNA, la Biblioteca Municipal, que lleva su nombre. Y alguna otra entidad más por ahí. Roa Bastos no tiene ni siquiera un museo acorde a su trascendencia internacional. Hay una Casa que lleva su nombre, pero ahí hay muy poco de Roa Bastos. No da para que vengan estudiosos o delegaciones culturales del exterior a visitarla como el centro de Roa.

Es que, a lo largo de los últimos años, nuestros gobiernos han entendido a la cultura solo como una congregación de gente que pide plata sin aportar nada. En otros países, la cultura genera plata porque hay autoridades inteligentes que saben producir recursos desde la cultura misma.

Vean lo que es el Bloomday en Dublín, Irlanda, cada 16 de junio. El día destinado a recordar a Leopold Bloom, protagonista de Ulises, la complejísima novela de James Joyce. El propio Ministerio de Asuntos Exteriores irlandés promueve las visitas, que vienen de a miles desde todo el mundo para experimentar esa extraordinaria feria literaria, de un solo día. Y el país recauda una fortuna.

En Chile entran fortunas por las visitas a Isla Negra, la casa de Pablo Neruda. En México recaudan millones de quienes van a ver Comala, el pueblo de Pedro Páramo, la célebre novela de Juan Rulfo. Cada año hay un peregrinaje a la Aracataca natal de Gabriel García Márquez, buscando la similitud que pudiera tener con la imaginaria Macondo. En el Paraguay, por ejemplo, perdemos oportunidad porque las autoridades no descubrieron todavía la cultura. Aún estamos en la era de Chaqueñito, Hernán Rivas y Yami Nal.

El 13 brindaremos por don Augusto, con la ilusión de que la cultura invada alguna vez al Paraguay.

nerifarina@gmail.com

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