Pero haber aplicado los términos del artículo 225 de la Carta Magna para terminar con un gobierno convertido en un fantoche sin sustento, no fue un cheque en blanco para el Legislativo.
Algunos parlamentarios parecen pensar que han obtenido un salvoconducto para cualquier situación y creen que, en virtud del sostenimiento de un modelo de democracia, la prensa debe permanecer “generosamente”, mirando a un costado.
Pero hay que recordarles que si los periodistas hicieramos eso, traicionaríamos nuestra propia esencia.
No es tarea de la prensa permanecer en silencio, ni aún en virtud de un modelo de democracia. La labor periodística es sacar a la luz todo cuanto el poder pretende mantener oculto, precisamente porque el contrapeso del control de la opinion pública se ejerce -también- a través de los medios.
Es el poder mismo el que debe saber que estará siempre bajo la lupa periodística precisamente para no incurrir en modelos totalitarios, autoritarios o directamente, cleptocráticos.
El wikcionario describe este último término con claridad: “del griego clepto, quitar y cracia, fuerza, es decir, el dominio de los ladrones. Es el establecimiento y desarrollo del poder basado en el robo de capital, institucionalizando la corrupción y sus derivados como el nepotismo, el clientelismo político, el peculado, de forma que estas acciones delictivas quedan impunes”. ¿No es ésta la descripción precisa de nuestro estado de cosas?
Es por eso que no podemos callarnos ni dar carta blanca a nadie. Porque las dictaduras no se ejercen sólo coartando las libertades, también se ejerce cuando la gente está obligada a mantener, con su esfuerzo, un estado ineficiente, caro , obsoleto, que no da respuestas ni soluciones y que tiene como objetivo real mantener ciudadanos de primera (el funcionariado público y partidario) y de segunda (todos los que estamos fuera de la primera definición)
El presidente del Congreso, Jorge Oviedo Matto, es un digno representante de la clase política que nos gobierna, que además tiene el peor agregado posible: el perfil autoritario de su líder partidario.
Y a los autoritarios se los controla desde la libertad, por la fuerza de la razón y de la ley.