Súbitamente, la última primavera

Escucha cómo suena el arpa viva y las guitarras en la polca paraguaya, mientras sale humeante el asado en una reunión de amigos donde son eternas las primaveras. El requinto suena en una serenata, entre los poemas de algún enamorado y cuentos con chistes para descostillarse de la risa.

audima

Yo te recuerdo con el olor de la tierra mojada por la lluvia y las hojas que recogemos un domingo por la mañana en el jardín. O pegando figuritas de las fotos de jugadores de fútbol en un álbum para el recuerdo. Con tu voz llenando los espacios desde la radio y las teclas de la máquina de escribir.    

La vida no está hecha solo de deberes y obligaciones; también se juega en ratos libres con pensamientos sabios que pronuncian las palabras inmortales de Antonio Machado: “Caminante no hay camino, se hace camino al andar”.    

Así yo celebro tu vida, mi querido papá, desde la risa y la nostalgia, desde los sentimientos adheridos por siempre a la alegría. Segura me siento como la hiedra abrazada al muro, como el amor, que acostumbrado a estar nadie lo nota. Esta siempre allí llueva o esté luminoso el día.    

Ni lágrimas, ni ausencias, solo palabras que construyan puentes y caminos, que nada se quiebre, ni los matrimonios ni las amistades, porque las uniones son inquebrantables aun en las más terroríficas tormentas.    

Que no falten en tu hogar la música, un diario para leer y la comida rica, porque cuando está un papá hay que mimarlo. Quizá le gusten el mate o el vino, el fútbol y los libros de poemas.    

Si te parece que es un señor que habla mucho y que no tenés tiempo para tantos detalles y consejos, si no entiende nada de redes sociales ni complicaciones de un teléfono, bajá un cambio, sacudite un poco de tanta prisa. Si a tu lado esta tu papá -si sos padre ya sabés de lo que te hablo- date permiso para disfrutar con él algún tema en común. Puede que un día lo recuerdes como un caballero que viene a salvarte del abandono y el peligro.

Para un padre no hay cansancio, ni día en que no pueda llevarte al doctor, traerte de una fiesta de madrugada o darte un regalo que le costó muchos días de trabajo.    

No sé por qué los hijos tenemos la mala costumbre de juzgar a los padres con implacable juicio y andar apurados posponiendo mimos y conversaciones. Mientras él espera y convoca, vamos por el mundo aprendiendo a ser independientes.    

El mejor día es hoy; el mañana, la posteridad es para ver fotos y videos. El mejor papá es el que te quiere y te trata bien, el que te pone límites y te complace. El que con su afecto te enseña a ser hombre y ser mujer de bien, que luego tendrán hijos a los que hay que cuidar como flores. El amor no conoce de olvidos ni muerte, solo primaveras que deberían ser eternas.

 (Dedicado a los padres que dejan huellas)

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