Día Mundial de la Nieve: datos sobre un fenómeno en retirada

Paisaje urbano durante las fuertes nevadas.Shutterstock

Cada tercer domingo de enero se celebra el Día Mundial de la Nieve, pero los registros climáticos muestran que ese paisaje blanco es cada vez más inestable y escaso. Menos precipitación sólida y copos irrepetibles ayudan a entender qué está cambiando y qué podría perderse.

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El Día Mundial de la Nieve, impulsado por la Federación Internacional de Esquí, nació para acercar la montaña a nuevos públicos. Hoy, sin embargo, la fecha funciona también como recordatorio incómodo: en buena parte del planeta nieva menos, la temporada se acorta y la línea de nieve sube de altitud.

Según el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC), la temperatura media global ya ha aumentado alrededor de 1,1 ºC respecto a la era preindustrial.

Paisaje con nieve dispersa.

Ese calentamiento altera la forma en que el agua cae del cielo: donde antes la columna de aire se mantenía por debajo de los 0 ºC, ahora parte del perfil atmosférico supera ese umbral y transforma la nieve en lluvia.

La nieve que se retira: lo que dicen los datos

Los estudios coinciden en una tendencia: menos nieve y más irregular.

Camino cubierto de nieve con un charco de agua.

Observatorios en los Alpes, las Rocosas y el norte de Japón han detectado, desde mediados del siglo XX, descensos persistentes en el espesor máximo de nieve y en el número de días con suelo nevado.

La Organización Meteorológica Mundial resume el patrón: inviernos más suaves, primavera adelantada y una “línea de isoterma 0 ºC” que asciende decenas de metros por década. Ese nivel, a partir del cual la precipitación pasa de lluvia a nieve, es crucial para entender por qué las estaciones de esquí de baja y media montaña dependen cada vez más de cañones de producción artificial.

En la Península Ibérica, los registros del Pirineo y Sierra Nevada apuntan a temporadas más cortas y a una mayor concentración de la nieve en episodios extremos: nieva más de golpe, pero durante menos semanas.

En los Andes centrales, la criósfera —el conjunto de nieve y hielo— retrocede de forma acelerada, con consecuencias directas sobre el agua disponible en verano.

Menos nieve, más riesgo: agua, ecosistemas y economía

La nieve es mucho más que un atractivo turístico. Funciona como un “embalse frío”: almacena agua en forma sólida y la libera poco a poco cuando suben las temperaturas.

Copo de nieve.

Cuando nieva menos o la fusión se adelanta, los ríos reciben más caudal en invierno y menos en verano, justo cuando la demanda agrícola y urbana aumenta.

Este desajuste hidrológico eleva el riesgo de riadas invernales y de sequías estivales. También altera los ciclos de plantas y animales adaptados a inviernos largos, desde bosques boreales hasta especies de alta montaña como el lirio de nieve o el gallo lira.

En paralelo, regiones que basan buena parte de su economía en los deportes de invierno encadenan campañas irregulares. A corto plazo, el recurso es la nieve artificial; a medio y largo, los expertos advierten de la necesidad de reconversión económica en muchas estaciones situadas por debajo de los 1.800–2.000 metros.

Por qué nieva menos en muchos lugares

La explicación combina termodinámica y geografía. Para que nieve, no basta con nubes frías: se necesita aire suficientemente húmedo, temperaturas bajo cero en una capa amplia de la atmósfera y núcleos de condensación —pequeñas partículas sobre las que el vapor se solidifica.

El calentamiento global rompe ese equilibrio de dos maneras:

  • Eleva la cota de nieve: donde antes toda la columna de aire estaba por debajo de 0 ºC, ahora parte de la trayectoria del copo discurre en ambiente positivo y se derrite antes de tocar el suelo.
  • Acorta la estación: el otoño tarda más en enfriarse y la primavera se adelanta, reduciendo la ventana temporal en la que las condiciones son aptas para la nieve.

Paradójicamente, algunos episodios de nevadas intensas pueden volverse más extremos. Una atmósfera más cálida puede contener más vapor de agua; si una masa de aire muy húmeda se encuentra con una irrupción fría, el resultado puede ser una nevada extraordinaria, en un contexto de menos nieve en el cómputo anual.

Lo que está en juego cuando se derrite la nieve

El retroceso de la nieve no es solo un dato climático: es un cambio profundo en la forma en que muchas sociedades se relacionan con el invierno. Afecta al agua que abastece ciudades y regadíos, a ecosistemas frágiles, a economías locales y a una cultura entera construida alrededor del paisaje blanco.

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