¿Podría ocurrir un terremoto devastador en Paraguay? La respuesta de un experto

Socavón que se abrió en una vía a consecuencia de un terremoto. (ARCHIVO)
Socavón que se abrió en una vía a consecuencia de un terremoto. (ARCHIVO)ROBYN BECK

Los recientes y mortales terremotos que sacudieron a Venezuela volvieron a encender las alarmas en la región sobre la previsibilidad y el peligro de los fenómenos sísmicos. El evento en el país caribeño, caracterizado por un “doblete sísmico” con magnitudes de entre 7.1 y 7.5 grados y una diferencia de apenas 39 segundos entre ambos movimientos, dejó en evidencia el potencial destructivo de la liberación de energía en la corteza terrestre. Ante este escenario, surge de forma inevitable una interrogante a nivel local: ¿qué tan expuesto está Paraguay a sufrir algo de magnitudes similares?

Para comprender el riesgo real, es necesario analizar la raíz del fenómeno venezolano. De acuerdo con el geólogo Diego López, jefe del Laboratorio de Sismología de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales (Facen) de la Universidad Nacional de Asunción, el violento terremoto en Venezuela fue causado estrictamente por factores tectónicos locales. En esa zona geográfica, la placa del Caribe se desplaza lateralmente con respecto a la placa Sudamericana, una interacción constante y friccional que acumula una tensión masiva hasta que finalmente se fractura y genera los sismos.

Afortunadamente para el territorio nacional, la realidad geológica local es radicalmente distinta a la de los países de la costa caribeña o del Pacífico. El profesor López explica que Paraguay posee una sismicidad que va de baja a moderada, un factor que nos otorga una relativa tranquilidad. El motivo fundamental de esta estabilidad es nuestra ubicación geográfica: el país se encuentra situado en una posición sumamente distante de los límites de las placas tectónicas activas, asentado en una zona central del continente conocida como región intraplaca.

Venezolanos caminan entre los escombros tras dos terremotos consecutivos en Caraballeda, estado La Guaira —a unos 40 km al noreste de Caracas—, el 25 de junio de 2026. La cifra de muertos trepó a 589 este viernes, informó  la presidenta Delcy Rodríguez.
Venezolanos caminan entre los escombros tras dos terremotos consecutivos en Caraballeda, estado La Guaira —a unos 40 km al noreste de Caracas—, el 25 de junio de 2026. La cifra de muertos trepó a 589 este viernes, informó la presidenta Delcy Rodríguez.

Los antecedentes históricos en Paraguay

Sin embargo, que el riesgo sea bajo no significa que sea inexistente o nulo. La historia geológica paraguaya demuestra que la tierra se mueve, aunque de forma infrecuente. Al respecto, desde el Laboratorio de Sismología detallan que el movimiento sísmico más significativo registrado en el país ocurrió en el año 1982. Aquel evento tuvo su epicentro en el Bajo Chaco, alcanzó una magnitud de 5.2 grados en la escala de Richter y se llegó a sentir con fuerza en el área metropolitana de Asunción, contó López.

Asimismo, los registros históricos administrados por los análisis de la Facen apuntan que el último registro de importancia en el país data de finales de la década de los ochenta. Específicamente, en 1989 se documentó un sismo con una magnitud de 5.6 grados. Desde ese entonces, si bien se reportaron temblores menores o réplicas sutiles que alertaron a comunidades del interior, la actividad de la tierra no ha vuelto a manifestar picos de alarma considerables.

La falta de preparación estructural

A pesar de este panorama de aparente calma, el verdadero problema de Paraguay no reside en la probabilidad de que ocurra un terremoto, sino en la vulnerabilidad estructural ante un evento imprevisto. El jefe del Laboratorio de Sismología advierte que nuestro país no se encuentra preparado para afrontar este tipo de fenómenos geológicos. Al no ser una zona con historial de desastres de esta índole, la infraestructura urbana, los protocolos de emergencia y la educación ciudadana carecen por completo de un enfoque preventivo antisísmico.

La falta de preparación se debe, principalmente, a que las instituciones locales no cuentan con registros sísmicos de magnitud elevada en épocas recientes, lo que históricamente relegó este tema de la agenda pública. El escenario planteado indica que -aunque la geografía nos proteja de los grandes choques de placas que golpean a otras naciones americanas- la previsión estructural ante sismos moderados sigue siendo una materia pendiente.