¿Por qué las cebras tienen rayas?

Cebra.Shutterstock

Durante décadas, las rayas de las cebras fueron un enigma que alimentó metáforas, documentales y manuales escolares. Hoy, una generación de estudios de campo y experimentos controlados redefine la respuesta: no es solo camuflaje, es supervivencia frente a enemigos casi invisibles.

De la fábula al laboratorio

La pregunta parece simple: ¿por qué las cebras tienen rayas y los caballos no? La respuesta, sin embargo, ha cambiado con el tiempo. Las primeras teorías hablaban de camuflaje frente a leones o de un patrón “disruptivo” que confundía a los depredadores en la sabana africana. Eran ideas intuitivas, fáciles de explicar… y difíciles de probar.

Cebras.

A partir de la década de 2010, equipos de Reino Unido, Estados Unidos y África austral comenzaron a cruzar mapas de distribución de cebras con datos de clima, presencia de depredadores y abundancia de insectos hematófagos.

El resultado fue consistente: las zonas con más cebras rayadas coinciden de forma llamativa con las regiones donde abundan tábanos y moscas que transmiten enfermedades.

La hipótesis que gana terreno: defensa contra insectos

Hoy, la explicación más respaldada es que las rayas ayudan a reducir las picaduras de insectos que se alimentan de sangre. Estos insectos no son una mera molestia: transmiten patógenos potencialmente letales, desde parásitos de la tripanosomiasis hasta agentes que debilitan al animal y lo vuelven más vulnerable a los grandes depredadores.

Cebras.

Experimentos con caballos cubiertos por mantas rayadas, maniquíes de plástico y superficies pintadas han mostrado un patrón coherente: los tábanos se posan con mucha menos frecuencia en superficies rayadas que en superficies lisas oscuras o claras.

Los insectos se acercan, pero parecen “fallar” en el aterrizaje final, como si las rayas interfirieran en su capacidad de calcular la distancia o de fijar un punto de apoyo estable. No es que los insectos “no vean” a la cebra, sino que su sistema visual se desorienta en el último metro, cuando necesitan calcular velocidad, ángulo y punto de contacto.

Cebras.

A escala evolutiva, incluso una reducción moderada en el número de picaduras puede significar una diferencia crucial en la supervivencia y la reproducción. En entornos donde las enfermedades transmitidas por insectos marcan la frontera entre vivir o morir, las rayas dejan de ser un adorno para convertirse en una ventaja adaptativa.

¿Y el camuflaje frente a leones?

La imagen mítica de la cebra que “desaparece” entre las hierbas altas ha perdido fuerza. Estudios de comportamiento muestran que los leones detectan principalmente a sus presas por el movimiento, el olor y el sonido, más que por patrones de color sutiles a distancia.

Cebras.

Además, las cebras viven muchas veces en pastizales abiertos, a plena luz, donde su silueta rayada no se mimetiza especialmente con el entorno.

A corta distancia, algunos investigadores plantean que las rayas pueden dificultar que el depredador fije un punto concreto del cuerpo para el ataque final o que distingan un individuo en medio del grupo. Pero, si esa ventaja existe, sería secundaria frente al efecto probado sobre los insectos.

Efectos térmicos y reconocimiento social

Otras teorías mantienen cierto peso, aunque con menos consenso. Una de ellas propone que las rayas contribuyen a regular la temperatura corporal: las franjas negras absorben más calor que las blancas, generando microcorrientes de aire sobre la piel que facilitarían la disipación de calor en ambientes muy calurosos. La evidencia es mixta y, por ahora, no tan sólida como en el caso de los insectos.

Cebra.

También se ha explorado el papel social de las rayas. Cada cebra tiene un patrón único, como una huella dactilar, lo que podría ayudar al reconocimiento individual dentro de la manada, crucial para mantener vínculos madre-cría y jerarquías sociales.

Esta hipótesis es plausible, pero difícil de aislar experimentalmente del resto de funciones.

Un compromiso evolutivo específico de África

El hecho de que solo las cebras, y no otros équidos como caballos o asnos domésticos, desarrollaran rayas intensas sugiere un escenario ecológico particular. Las cebras evolucionaron en regiones de África donde confluyen altas densidades de grandes depredadores y una fuerte presión de insectos portadores de enfermedades.

Las rayas serían así el resultado de un compromiso evolutivo: un rasgo suficientemente neutro o aceptable frente a leones y hienas, pero muy ventajoso en la lucha diaria contra moscas y tábanos.

En otras regiones del mundo, donde la presión de insectos hematófagos es distinta y la historia evolutiva cambió de rumbo, los caballos conservaron pelajes uniformes.

Lo que hoy podemos afirmar con claridad

Con los datos disponibles, los especialistas coinciden en un punto central: la función principal de las rayas de las cebras es reducir el impacto de los insectos que se alimentan de sangre y transmiten enfermedades.

Otras funciones —camuflaje parcial, termorregulación, reconocimiento social— podrían sumar beneficios adicionales, pero no explican por sí solas la distribución geográfica ni la intensidad del rayado.

La respuesta definitiva no cabe en una sola frase, pero sí en una idea clave: las rayas no son un capricho de la naturaleza, sino la huella visible de una batalla silenciosa, librada cada día en las sabanas de África contra enemigos diminutos, persistentes y letales.

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