La paleogenética revela la vida de los primeros agricultores de los Andes meridionales

Redacción Ciencia, 18 mar (EFE).- Un estudio combinado de ADN antiguo con otras disciplinas ha permitido conocer mejor 2.000 años de historia de las poblaciones andinas del valle de Uspallata (Argentina), cómo adoptaron la agricultura y se apoyaron en los vínculos familiares para superar las crisis.

El equipo reúne, entre otros, a investigadores del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas de Argentina (Conicet) y del Instituto Pasteur (Francia).

La investigación revela cómo los cazadores-recolectores locales adoptaron la agricultura, cómo los agricultores intensivos de maíz posteriores experimentaron un estrés prolongado y cómo la movilidad basada en los lazos de parentesco pudo haber ayudado a las comunidades a persistir en medio de la inestabilidad.

En el valle de Uspallata, la agricultura llegó mucho más tarde que a los principales centros de domesticación de Sudamérica y fue adoptada por los cazadores-recolectores locales, como lo demuestra la continuidad genética entre las poblaciones preagrícolas y las agrícolas, señala el estudio

La investigación generó datos de ADN antiguo de 46 individuos, que abarca desde el periodo inicial de los cazadores-recolectores hasta las poblaciones agrícolas posteriores.

Los resultados revelan una fuerte continuidad genética entre los cazadores-recolectores (hace unos 2.200 años) que vivían en la región antes de que se adoptara la agricultura y aquellos que vivieron más de un milenio después, a medida que se expandían los cultivos.

Para reconstruir cómo vivían las personas, el equipo combinó la genética con las señales químicas de diversos isótopos conservadas en los huesos y los dientes.

Los de carbono y nitrógeno revelan un promedio de los alimentos consumidos a lo largo de la vida y los de estroncio la zona donde vivió una persona y pueden indicar si se desplazó.

Esos análisis muestran que el consumo de maíz fluctuó a lo largo del tiempo, lo que concuerda con una agricultura flexible más que con una transición progresiva hacia una fuerte dependencia de la agricultura.

Hace entre 800 y 600 años la situación cambió hacia una dependencia del maíz excepcionalmente alta, y la llegada de migrantes, que eran genéticamente cercanos a los grupos locales.

Los análisis genómicos muestran que este grupo migrante experimentó un fuerte y sostenido declive demográfico, lo que sugiere una población en retroceso sometida a un estrés persistente a lo largo de muchas generaciones.

Esos agricultores se enfrentaron a una crisis multidimensional y los registros paleoclimáticos apuntan a una inestabilidad climática prolongada, que coincide con el declive demográfico.

Los esqueletos muestran marcadores compatibles con estrés nutricional durante la infancia e infecciones, y el ADN antiguo reveló la presencia de tuberculosis de una cepa que pertenece a un linaje conocido en la América del sur precolombina.

Muchos de los migrantes estaban estrechamente emparentados, en una red que se estructura principalmente a través de vínculos maternos, lo que sugiere un papel importante de las mujeres en el mantenimiento de la continuidad familiar y la organización de la movilidad.

Los hallazgos sugieren que la migración basada en los lazos de parentesco y los fuertes vínculos familiares funcionaron como estrategias de resiliencia durante un período de presiones concurrentes: inestabilidad ambiental, inseguridad alimentaria y enfermedades, apunta el estudio.

“Nuestros resultados concuerdan sobre todo con la idea de que las personas se desplazaban por causas de fuerza mayor, apoyándose en las redes familiares para superar la crisis”,  destacó el arqueólogo y coautor principal Ramiro Barberena, del CONICET.

Comprender cómo se desarrollaron esas transiciones y qué significaron para la demografía, la economía y la salud ayuda a comprender mejor los caminos que dieron forma a las sociedades actuales, y a reflexionar sobre los riesgos y desafíos del cambio climático y las presiones demográficas, remarcó.

El estudio también ayuda a desentrañar la historia poblacional a largo plazo en el sur de los Andes. Más allá de la historia local de Uspallata, se llena un vacío en la diversidad genética humana sudamericana, indicó Pierre Luisi, del Instituto Pasteur, en un comunicado.

Documentar un componente genético ancestral que persiste en las poblaciones actuales tiene “importantes implicaciones, ya que contradice las tesis que afirman la extinción de los descendientes indígenas en la región desde el establecimiento y el crecimiento del Estado-nación argentino", agregó el experto.

Lo
más leído
del día