Un equipo de investigadores de la Universidad Libre de Bruselas ha redefinido una de las formas más comunes de la sudoración excesiva (hiperhidrosis) y ha determinado que tiene un origen genético y podría ser tratada con medicamentos ya existentes en el mercado.
Los investigadores han comprobado que una forma de hiperhidrosis de origen genético se origina por la sobreestimulación de los nervios que controlan las glándulas sudoríparas, un descubrimiento que podría contribuir a eliminar el estigma que rodea a esta afección y que abre el camino a tratamientos específicos. Los resultados se publican hoy en la revista Science Advances.
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Se estima que la sudoración excesiva afecta entre el 2 y el 5 por ciento de la población, pero los síntomas son mucho más graves que una simple molestia, ya que los pacientes sudan tanto que tienen que cambiarse de ropa varias veces al día y el impacto en la vida diaria es grande, porque muchos evitan el contacto social, sienten una profunda vergüenza y desarrollan depresión.
Sin embargo, esta afección todavía se suele minimizar como un problema cutáneo superficial, lo que provoca que los pacientes se encuentren con falta de comprensión y no reciban la atención adecuada, ha señalado la Universidad en el resumen facilitado a la revista.
En qué consistió el estudio
Los investigadores dedicaron diez años a buscar respuestas a este problema, en colaboración con la Universidad Johns Hopkins de Estados Unidos, y mediante el análisis del ADN de más de 180 pacientes, descubrieron defectos en un canal proteico específico de los nervios (el canal ‘Nav1.8’)
Este canal normalmente funciona como una compuerta biológica que regula las señales eléctricas en el sistema nervioso, pero en los pacientes con hiperhidrosis, esta ‘compuerta’ permanece demasiado abierta debido a una predisposición genética.
Como resultado, el sistema nervioso que controla las glándulas sudoríparas se encuentra constantemente sobreestimulado, por lo que los nervios están en un estado de actividad constante, lo que provoca sudoración excesiva.
Esto coincide con el cuadro clínico en el que la sudoración suele desencadenarse por estímulos emocionales o relacionados con el estrés, sin que la afección tenga un origen psicológico, han señalado los investigadores.
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Para corroborar su teoría, los investigadores desarrollaron un modelo experimental de ratón, y comprobaron que los animales con el mismo defecto genético sudaban en exceso y cuando les administraron una sustancia que bloqueaba las señales nerviosas hiperactivas, la sudoración disminuyó de forma significativa y reversible.
Este descubrimiento abre la posibilidad de tratamientos mejores y más específicos, ya que en la actualidad las formas graves de hiperhidrosis se tratan a veces con procedimientos que seccionan las vías nerviosas simpáticas del tórax, y aunque estos tratamientos pueden ser eficaces, son invasivos, no aptos para todos y pueden causar efectos secundarios indeseados.