Qué es la técnica CAT y por qué podría ayudar a alcanzar el orgasmo durante el sexo

Posición del misionero, imagen ilustrativa.
Posición del misionero, imagen ilustrativa.Shutterstock

Un cambio de apenas unos centímetros en la postura del misionero —descrito en 1988 por un psicoterapeuta— ha vuelto al radar científico por su potencial para reducir la “brecha del orgasmo” al favorecer la estimulación del clítoris durante la penetración.

La sexología lleva décadas intentando explicar por qué, en muchas parejas heterosexuales, el orgasmo no llega con la misma frecuencia para ambos miembros. Esa diferencia tiene incluso un nombre: la “brecha del orgasmo”.

Un estudio de 2017 publicado en Archives of Sexual Behavior puso números a esa distancia: el 95% de los hombres heterosexuales dijo alcanzar el orgasmo habitualmente durante las relaciones sexuales, frente al 65% de las mujeres heterosexuales. En mujeres lesbianas, el porcentaje subía al 86%, más cerca del dato masculino que del femenino en parejas heterosexuales.

Posición del misionero, imagen ilustrativa.
Posición del misionero, imagen ilustrativa.

Según recoge la Deutsche Welle a partir de información divulgada en medios como Psychology Today, VICE y Women’s Health, una parte del problema puede estar menos en la “química” y más en la mecánica: cómo se practica el sexo y qué tipo de estimulación se prioriza.

El misionero: un clásico muy frecuente, no siempre eficaz

La postura del misionero mantiene su lugar como “estándar” en el sexo heterosexual, aunque arrastra fama de rutina. Pero el punto central no es si resulta aburrida, sino si funciona para lo que muchas personas esperan de ella: facilitar el orgasmo femenino.

Posición del misionero, imagen ilustrativa.
Posición del misionero, imagen ilustrativa.

En un artículo para Psychology Today, el divulgador Michael Castleman cita investigaciones según las cuales solo alrededor de una de cada cuatro mujeres alcanza el orgasmo de forma sistemática en el misionero tradicional, sin que variables como el tamaño del pene o la duración del encuentro cambien necesariamente ese patrón.

La explicación que aparece de forma recurrente remite a la anatomía: en el misionero convencional, la penetración suele estimular poco o de manera indirecta al clítoris, el órgano más estrechamente vinculado al orgasmo femenino. Si esa zona recibe poca fricción, la penetración por sí sola tiende a ser insuficiente para muchas mujeres.

Un hallazgo de 1988 que la ciencia no terminó de soltar

En 1988, el psicoterapeuta estadounidense Edward Eichel propuso una modificación mínima del misionero que, con el tiempo, se conocería como técnica de alineación coital (CAT, por sus siglas en inglés).

Posición del misionero, imagen ilustrativa.
Posición del misionero, imagen ilustrativa.

Su apodo popular en inglés —grinding the corn, algo así como “moler el maíz”— intenta describir el tipo de fricción y el movimiento que busca.

La propuesta generó atención mediática en su momento: artículos, un libro completo (The Perfect Fit) y debate público. Pero, como reconstruye Castleman (citado por DW), esa ola se desinfló con rapidez y en los años noventa la técnica quedó más cerca de la nota al pie que del manual de referencia.

Aun así, no desapareció del todo: siguió siendo examinada de manera intermitente en estudios y consultas clínicas.

Qué muestran los estudios citados: más orgasmos, con matices

La evidencia reseñada por Castleman en Psychology Today incluye una comparación relevante: en un estudio con mujeres que no lograban llegar al orgasmo con el misionero convencional, las participantes que aprendieron la técnica CAT aumentaron la frecuencia de orgasmos en un 56%. En el grupo que realizó ejercicios de masturbación guiada, la mejora fue del 27%.

Posición del misionero, imagen ilustrativa.
Posición del misionero, imagen ilustrativa.

El dato no se presenta como una garantía universal, pero sí como un indicio consistente de que cambiar el ángulo y el tipo de contacto —más que “hacer más de lo mismo”— puede modificar resultados.

Cómo se practica la técnica CAT (y por qué cambia la dinámica)

La CAT no implica una postura nueva y compleja, sino un ajuste de alineación:

  • En lugar de colocarse exactamente “frente a frente”, la persona que está encima adelanta su cuerpo unos centímetros, hasta que el pecho quede aproximadamente a la altura del hombro de la pareja.
  • Ese desplazamiento busca que la base del pene (no solo el eje) roce el clítoris durante el movimiento.
  • El objetivo deja de ser una penetración repetida y profunda para pasar a un contacto constante entre pelvis, con un movimiento más corto, continuo y cercano a lo circular, donde la fricción se vuelve protagonista.

El terapeuta sexual Ian Kerner lo resume en Women’s Health con una idea clave: no hace falta una penetración especialmente profunda; lo determinante es mantener presión sostenida sobre el clítoris.

La “almohada bajo la pelvis” y un estudio que pide cautela

Entre las recomendaciones prácticas que aparecen en distintas guías, una se repite: colocar una almohada bajo las caderas de quien está abajo para mejorar el ángulo y facilitar el contacto.

DW menciona que esta sugerencia coincide con un pequeño estudio publicado en Sexologies y recogido por IFLScience. Allí se midió el flujo sanguíneo en el clítoris en cinco posturas distintas y se observó el mayor aumento con un misionero usando almohada bajo la pelvis; la penetración por detrás quedó al final de la tabla.

Pero el propio trabajo subraya limitaciones importantes: participó solo una pareja heterosexual, por lo que los resultados no se pueden generalizar.

Además, no se midieron orgasmos, sino flujo sanguíneo como indicador de excitación. La implicación es sugerente —más excitación fisiológica en ciertas condiciones—, pero no equivale a una “prueba” directa sobre frecuencia orgásmica.

No es una fórmula rígida: variaciones, herramientas y comunicación

Uno de los puntos en los que coinciden los especialistas citados es que la CAT no opera como receta cerrada. Kerner señala en Women’s Health que no hay una única manera “correcta”: en algunos casos funciona una penetración superficial con un ángulo cercano a 90 grados respecto al clítoris; en otros, puede funcionar mejor una penetración más profunda.

Además, la técnica admite adaptaciones más allá del sexo pene-vagina. Según el material recopilado por la Deutsche Welle, puede practicarse con arnés y también entre mujeres. En esa variante, la sexóloga Gigi Engle propone colocar un muslo entre las piernas de la pareja para generar fricción sobre el hueso púbico.

Otros ajustes mencionados por especialistas incluyen:

  • apretar los muslos para aumentar la presión,
  • rodear la cintura de la pareja con las piernas para sincronizar el movimiento,
  • incorporar un anillo vibrador para potenciar la estimulación del clítoris.

Y hay un elemento que aparece como recomendación transversal: hablar durante el encuentro. Explicar qué funciona y qué no —y ajustar en tiempo real según las señales del cuerpo— suele ser más eficaz que confiar en la intuición.

Cuando no funciona

La técnica CAT no promete resultados universales. La terapeuta Georgina Vass advierte en VICE que habrá personas para las que, sencillamente, no funcione incluso con práctica.

En esos casos, el enfoque que recogen las fuentes no apunta a insistir a toda costa, sino a volver al misionero tradicional y sumar estimulación manual del clítoris.

En conjunto, el hilo que conecta los estudios y testimonios citados por DW es menos espectacular de lo que sugiere la cultura de “trucos sexuales”: para muchas mujeres, la diferencia no depende de posturas extravagantes, sino de alinear el cuerpo para que la penetración incluya —de forma constante— la estimulación que suele quedar fuera del misionero clásico.

Fuente: Deutsche Welle