Qué es la Oscilación del Sur
La Oscilación del Sur es un patrón de subas y bajas de la presión atmosférica entre el Pacífico oriental y occidental. En términos simples, la presión tiende a comportarse como un sube y baja: cuando está relativamente más alta en el este, suele estar más baja en el oeste, y viceversa.
En la práctica se monitorea con el Índice de Oscilación del Sur (SOI), basado en la diferencia de presión entre zonas representativas del Pacífico como Tahiti (más al este) y Darwin, Australia (más al oeste). Ese número no “causa” por sí mismo el clima: indica el estado de la atmósfera en un sistema acoplado con el océano.
Lea más: El Niño y La Niña: cuáles son sus diferencias y cómo afectan al clima
El ENSO (El Niño–Oscilación del Sur) reúne ambas caras del mismo fenómeno:
- El Niño describe principalmente el componente oceánico (calentamiento anómalo del Pacífico ecuatorial central y oriental).
- La Oscilación del Sur describe el componente atmosférico (cambios de presión y vientos asociados).
El mecanismo: vientos alisios, termoclina y una retroalimentación
En condiciones “neutras”, los vientos alisios soplan de este a oeste a lo largo del ecuador. Ese empuje acumula aguas cálidas hacia el Pacífico occidental y favorece el ascenso de aguas más frías frente a Sudamérica (surgencia), mientras la circulación de Walker organiza zonas de nubosidad y lluvia sobre aguas cálidas.
Cuando la Oscilación del Sur entra en una fase que debilita los alisios, el “empuje” disminuye: el agua cálida puede desplazarse hacia el centro y el este del Pacífico, la termoclina (la frontera entre aguas cálidas superficiales y aguas frías profundas) se reacomoda y cambia dónde se forman nubes y tormentas.
Lea más: El Niño explicado: qué ocurre en el océano Pacífico y por qué puede cambiar el clima del mundo
Ese cambio puede reforzarse mediante la llamada retroalimentación de Bjerknes: aguas más cálidas favorecen convección y alteran vientos; vientos alterados favorecen más calentamiento en el este.
En La Niña ocurre el espejo: alisios más intensos, mayor contraste este-oeste y enfriamiento relativo en el Pacífico ecuatorial oriental.
Por qué importa para Sudamérica
El valor científico del concepto es que ofrece una llave para entender teleconexiones: cómo una reorganización de presión y convección en el Pacífico tropical puede desplazar chorros de viento, frentes y zonas de precipitación a miles de kilómetros.
En Sudamérica, esas reorganizaciones se traducen en cambios de probabilidad (no certezas) de lluvias extremas, déficits hídricos u olas de calor, con efectos en rindes agrícolas, incendios, caudales de ríos y planificación energética.
Lea más: Qué países de Sudamérica podrían recibir más lluvias con El Niño en 2026
Lo que todavía se intenta responder
La investigación actual busca precisar cuándo el acople océano-atmósfera cruza umbrales que disparan un evento, por qué algunos El Niño son más “centrales” y otros más “orientales”, y cómo la variabilidad natural interactúa con el calentamiento global sin simplificarlo en una relación lineal.
Entender mejor la Oscilación del Sur es clave para convertir señales tempranas del Pacífico en pronósticos útiles a escala regional.