22 de octubre de 2026

En los últimos meses, titulares sobre terremotos en distintas partes del mundo han saturado nuestras pantallas. Desde Venezuela y Colombia hasta Indonesia y Filipinas, parece que el planeta ha decidido entrar en un ciclo de actividad frenética. Sin embargo, ¿estamos realmente ante una era más peligrosa o es solo una ilusión?

La cuestión central no es solo qué son El Niño y La Niña, sino cómo una franja del océano Pacífico puede modificar patrones de precipitación y temperatura en lugares lejanos. Entender ese mecanismo permite anticipar riesgos de sequía, inundaciones y olas de calor, clave para agricultura, energía y salud.
El Niño no “trae lluvia” por sí solo: reorganiza vientos y nubosidad en el Pacífico tropical y desplaza la humedad. Si en 2026 se consolida como se espera, Perú, Ecuador y la cuenca del Plata suelen ser las zonas con mayor probabilidad de excesos.

Los términos “sismo”, “temblor” y “terremoto” a menudo se utilizan indistintamente para describir movimientos sísmicos en la corteza terrestre. Pero es importante entender las diferencias y similitudes entre estos términos, tanto en el uso coloquial como en el científico.