8 de octubre de 2026

Los episodios de El Niño de 1982-83, 1997-98 y 2015-16 figuran entre los más fuertes desde que existen mediciones confiables. Pero la temperatura del Pacífico no alcanza, por sí sola, para anticipar sus consecuencias.

En los últimos meses, titulares sobre terremotos en distintas partes del mundo han saturado nuestras pantallas. Desde Venezuela y Colombia hasta Indonesia y Filipinas, parece que el planeta ha decidido entrar en un ciclo de actividad frenética. Sin embargo, ¿estamos realmente ante una era más peligrosa o es solo una ilusión?

La cuestión central no es solo qué son El Niño y La Niña, sino cómo una franja del océano Pacífico puede modificar patrones de precipitación y temperatura en lugares lejanos. Entender ese mecanismo permite anticipar riesgos de sequía, inundaciones y olas de calor, clave para agricultura, energía y salud.
El Niño no “trae lluvia” por sí solo: reorganiza vientos y nubosidad en el Pacífico tropical y desplaza la humedad. Si en 2026 se consolida como se espera, Perú, Ecuador y la cuenca del Plata suelen ser las zonas con mayor probabilidad de excesos.

Los términos “sismo”, “temblor” y “terremoto” a menudo se utilizan indistintamente para describir movimientos sísmicos en la corteza terrestre. Pero es importante entender las diferencias y similitudes entre estos términos, tanto en el uso coloquial como en el científico.

MADRID. Un estudio revela que, desde 1900, el aumento del nivel del mar causado por el ser humano ha cuadruplicado la frecuencia de inundaciones costeras, afectando a 680 millones de personas en regiones vulnerables. ¿Qué papel tiene el humano en todo esto?