Ajedrez por Zenón Franco: Lubomir Kavalek

Hoy hace dos años que falleció el checo-americano Lubomir Lubosh Kavalek (9 de agosto de 1943, Praga, Checoeslovaquia - 18 de enero de 2021, Reston, EE.UU.), hablamos un poco de él en la Nota N.º 183 de 2007, y en otras posteriores.

Kavalek y Karpov Buenos Aires, Clarín 3, 1980 (Foto via The Huffington Post).
Kavalek y Karpov Buenos Aires, Clarín 3, 1980 (Foto via The Huffington Post).Foto Gentileza

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Hace dos meses salió publicado el libro Lubomir Kavalek Life at Play A Chess Memoir, son sus memorias, con partidas comentadas, es un libro fascinante, si bien, a veces, es poco riguroso al hablar de temas que no presenció.

Recordemos algunos datos biográficos básicos, obtuvo los títulos de Maestro Internacional y Gran Maestro el mismo año, en 1965; fue campeón de la ahora dividida Checoslovaquia en 1962 y 1968; integró su equipo nacional en varios campeonatos mundiales universitarios, y en las olimpiadas de Tel Aviv 1964, y La Habana 1966.

Cuando adoptó la nacionalidad estadounidense llegó al primer lugar en tres campeonatos de EE.UU., en 1972 y 1973 (ambos compartido, en 1972 Robert Byrne ganó el desempate), y en solitario en 1978; jugó en siete olimpiadas por EE.UU., equipo con el que ganó el oro en Haifa 1976, además de cinco medallas de bronce, ganó varios torneos de primer nivel y estuvo entre los 10 mejores del mundo.

En su polifacética carrera fue también un excelente columnista de ajedrez, escribió en The Washington Post, y The Huffington Post, además fue autor de varios libros, editor, entrenador de primeras figuras, organizador, etc.

Un cambio de vida

Vayamos a una etapa crucial de su vida, de 1968 a 1970. Cuando estaba en Polonia disputando el Memorial Akiba Rubinstein, cumplió con su deseo de no volver a su país de origen tras la invasión de tanques soviéticos a Checoslovaquia.

Desertó a Occidente, pidió asilo político en Alemania Occidental y estuvo dando vueltas por el centro de Europa durante un tiempo, entre Alemania Occidental, Países Bajos y Suiza, sin un futuro claro, él lo expresó así: “Mi vida adquirió un nuevo triángulo: Múnich-Basilea-Leiden. Era un emigrante, pero no todavía un inmigrante”.

No integró el equipo de Checoeslovaquia en la Olimpiada de Lugano 1968, aunque sí, estuvo durante la olimpiada.

En general Kavalek fue afortunado, recibió el apoyo de muchísima gente en esos años.

El director de la olimpiada, Alois Nagler, empatizó con su situación, lo acreditó como periodista, se hizo cargo de su estancia y le dio trabajo temporalmente, con el equipo suizo, porque el analista contratado, Paul Keres, se retrasó.

Dudas sobre su futuro

La sala de prensa de Lugano tenía una actividad frenética, y Kavalek quedó asombrado al ver cuánta gente parecía vivir de escribir sobre ajedrez.

Se le aproximaron organizaciones con muchas propuestas, con cifras tanto serias como irrisorias, para escribir o jugar para ellos, ayudar a vender material ajedrecístico, etc.

Kavalek quería ir a EE.UU., a estudiar, pero jugar al ajedrez le era muy atractivo, el GM alemán Klaus Darga, que en 1953 compartió el primer lugar del Campeonato Mundial Juvenil con Oscar Panno, intentó vivir del ajedrez, no obstante, desistió tras 11 años y se convirtió en programador informático, se cansó de tantos viajes.

“Cuando me habló de sus años profesionales, me dijo que todavía tenía algunos contactos y se ofreció a concertar sesiones de simultáneas para mí en Alemania Occidental. Fue un gesto agradable”, comentó Kavalek.

A la sala de prensa también se le aproximó el maestro Cenek Kottnauer, que desertó de Checoeslovaquia en 1953, con 43 años, y finalizó en Inglaterra, como ese país no tenía grandes maestros, a sus 58 años jugaba como segundo tablero de Inglaterra en Lugano, cuando Kavalek le consultó sobre la vida profesional ajedrecística en Occidente, lo miró escépticamente y le dijo: “Seré honesto. Es difícil y no lo recomendaría”.

Ed Edmonson

El Director Ejecutivo de la Federación de EE.UU. era Ed Edmonson, un piloto retirado de las fuerzas aéreas de EE. UU., que quería revitalizar el ajedrez en su país, y creía que la forma de lograrlo era que Bobby Fischer fuera campeón del mundo.

Edmonson, efectivamente, tuvo un papel muy importante para que Fischer alcanzara su meta, Robert Byrne (4º tablero de EE.UU.) se lo presentó, y Edmonson, en cuanto supo que el padre de Kavalek tenía ciudadanía norteamericana, le sugirió de inmediato que se mudara a EE.UU., estudiara en la universidad donde Donald Byrne (tablero suplente de EE.UU.) enseñaba y jugara por EE.UU. en la Olimpiada de Estudiantes.

Kolty

Edmonson lo invitó a cenar y allí conoció al belga, también emigrado a EE.UU., George Koltanowsky, conocido como “Kolty”, que tuvo el récord de simultáneas a ciegas.

Hizo una demostración, hizo saltar un caballo por tres tableros diferentes ocupando cada casilla solo una vez, “esto no es muy difícil, pero Kolty nunca tocó una pieza, lo hizo a ciegas. Cuando el caballo llegó a la última casilla, Kolty le pidió a la audiencia que escribiera una palabra en cada casilla del tablero- cualquier palabra, nombres, números de teléfono, lo que fuera. Kolty miró luego al tablero por unos pocos segundos, volvió a taparse los ojos, y repitió el viaje del caballo repitiendo los números y palabras que la gente había escrito en las 192 casillas”.

Antes (o después) de caer rendidos de admiración, notemos que es una memoria muy específica, en This crazy world of Chess, de Larry Evans, se cita a la esposa de Kolty diciendo, “No sé cómo lo hace, ni es capaz de traer una barra de pan del supermercado”.

Koltanowsky le aseguró a Kavalek que podría ganarse fácilmente la vida en EE.UU. como ajedrecista, le dijo: “Es la mejor profesión en el mundo, no hay que tener miedo” – “¿y quién sería tan tonto como para no confiar en Kolty?”, se preguntó Kavalek.

Asilo político

Kavalek siguió dando vueltas por Europa, necesitaba visas para cada país, jugaba y daba simultáneas; a principios de 1969, en Solingen, “la ciudad de acero”, le ofrecieron jugar por el equipo de la ciudad, les contestó que lo pensaría, las condiciones no le agradaron.

Creía que se había terminado, dijo Kavalek, pero, “No conocía todavía a Egon Evertz, el determinado empresario del ajedrez, que estaba empeñado en que me uniese al equipo”.

Tras las simultáneas de Solingen fue a jugar en Wijk aan Zee donde ganaron Botvinnik y Geller, él no tuvo una buena actuación.

El 10 de marzo de 1969 recibió una carta donde las autoridades alemanas le informaban que le habían concedido el asilo político. La novedad le llegó mientras estaba jugando un match con Hans Ree en Eersel, Países Bajos, una actividad paralela a la principal, que era el match de la FIDE Larsen vs. Tal, por un lugar en el siguiente Interzonal.

El match estaba patrocinado por una empresa de cigarros y tanto Ree como Kavalek recibieron honorarios más altos que Tal y Larsen; ganó Kavalek, y también Larsen.

Bent Larsen se enojó cuando se enteró del aspecto económico, aunque le explicaron que no podían hacer nada, él y Tal estaban recibiendo lo máximo que permitía la FIDE.

Egon Evertz

Tras jugar en Netanya en junio de 1969, donde ganó Reshevsky, Kavalek empezó a albergar más dudas sobre su futuro como ajedrecista, y empezó a pensar en dedicarse a algo más seguro, su padre, también emigrante político y anticomunista, le insistía en que trabajara para Radio Free Europa, como hacía él desde hacía muchos años.

No fue así, tras la primera oferta rechazada de Solingen, Egon Evertz volvió a la carga y la oferta se triplicó, y le añadió los gastos de viaje desde Múnich a Solingen, “no pude resistir más y el 7 de julio me convertí en un ‘empleado’ de Solingen. Así comenzó nuestra amistad duradera. Jugué 21 años por Solingen”.

Evertz poseía una empresa de acero en Alemania Occidental, comenzó a los 20 años en el negocio, se convirtió en millonario progresando a través de sus inventos y patentes y consiguió una vida holgada que le daba tiempo libre para tocar el violín, participar en carreras de coches, volar, jugar blitz, etc.

Y tuvo éxito en todo, ganó la carrera de Nuremberg y en 1960 se convirtió en campeón de Alemania Occidental, y además logró récords como aviador.

“No tenía paciencia para el ajedrez competitivo, pero le encantaba jugar blitz, con una cerveza en la mano”, comentó Kavalek.

Torneos a la espera de una decisión

El resto de 1969 lo dedicó inicialmente a jugar torneos en los Países Bajos y hasta pudo ir a Puerto Rico como reemplazante de último momento, dado que en esas fechas había muchos maestros europeos jugando los zonales.

En Puerto Rico no tuvo un gran resultado, aunque consiguió el Premio de Belleza por su partida contra Damjanovic.

“Todavía estaba considerando ir a América, lo que complacía a Edmonson, y me ofreció arreglar mi participación en el Abierto de Chicago y poder conocer un poco EE.UU.”.

Voló con Robert Byrne a EE.UU., y hablaron del futuro de Kavalek, que, con 26 años, seguía dudando sobre su dedicación al ajedrez, no obstante, dejó EE.UU. complacido.

“Ed Edmonson tenía razón. Obtuve un trofeo enorme y 1.000 dólares por mi primer puesto en mi primer torneo americano. Las cosas estaban aclarándose”.

Campeones de la Bundesliga

Kavalek justificó plenamente la inversión de Egon Evertz, jugó la Bundesliga de 1969 ganando sus tres partidas jugando como primer tablero, y su club, Solingen salió campeón de Alemania por primera vez.

Evertz quedó tan entusiasmado por sus tres victorias que, cuando Kavalek le comentó que iba a mudarse a EE.UU., le pidió que no jugara por ningún club americano, le ofreció un nuevo contrato que incluía los pasajes aéreos, de EE.UU. a Europa…”¡Qué regalo de Navidad!, sin Evertz y sus pasajes, Europa hubiera estado fuera de alcance”.

Kavalek recordó que la partida más interesante que jugó fue contra un estudiante de papirología de 20 años llamado Robert Huebner.

Huebner llegó a ser Candidato al título mundial tres veces y estuvo en la elite del ajedrez durante más de 20 años, llegó a ser el N.º 3 tras Karpov y Korchnoi, hasta entonces solo Emanuel Lasker y Siegbert Tarrasch habían llegado tan o más alto.

Rumbo a EE.UU.

Kavalek jugó en Wijk aan Zee en enero de 1970, donde salió cuarto, y en marzo en Lugano, donde quedó peor, es posible que su mente estuviese en el viaje a EE.UU., que se acercaba, recibió ofertas de dos universidades norteamericanas para jugar por sus equipos, y consiguió la visa norteamericana. Valía por dos años y tenía dos sobres que estaban totalmente prohibidos abrir, abrirlos invalidaría la visa.

En junio de 1970 se despidió de Múnich y de sus conocidos, provisto de dos pasajes, de Ámsterdam a Caracas y de Caracas a Nueva York.

También se despidió nuevamente de su esposa, aunque “Los adioses fueron más sencillos que los de dos años antes en Praga. No sabíamos cuándo nos volveríamos a encontrar, pero sabíamos que lo haríamos”.

La Copa Presidente

En Caracas participaron el tres veces campeón de la URSS Leonid Stein y el ruso de 19 años Anatoly Karpov, que era el campeón del mundo juvenil, curiosamente también jugaron Ivkov, Panno y Parma, excampeones del mundo de esa categoría.

Kavalek charlaba incesantemente con Arthur Bisguier, excampeón de EE.UU.

Al principio del torneo jugó con la bandera de Checoeslovaquia en su mesa, pero Edmondson insistió en que se la cambiara por la norteamericana, y lo hicieron.

La partida de Caracas con Karpov

“El joven me miraba tras cada jugada como si estuviera tratando de leer mi mente. A menudo es posible saber lo que el oponente piensa por su postura, tics nerviosos, gestos o por mover sus piernas nerviosamente”.

Ganó Kavalek, en una partida a la que se le concedió el premio de belleza, es la que veremos, fue la única victoria de Kavalek ante Karpov por cuatro derrotas y 12 tablas.

Kavalek venció con 13 puntos sobre 17, le siguieron Stein y Panno, 12, Karpov empató el cuarto lugar con Ivkov y Benko con 11½ puntos y consiguió una norma de GM.

Kavalek consideró que este triunfo fue uno de los más importantes de su carrera.

Un día memorable para Kavalek

El 13 de julio de 1970 fue un día inolvidable para Kavalek, a las 14.00 h “aterricé en el aeropuerto JFK en Nueva York. Le di mi pasaporte al oficial de inmigración con la visa y los dos sobres misteriosos. Los abrió, agarró algo, lo selló, y me dio mi Tarjeta de Residencia para Extranjeros, también conocida como ‘Tarjeta verde’.

‘Bienvenido a los Estados Unidos,’ dijo, invitándome a entrar al Nuevo Mundo”.

GM Zenón Franco Ocampos

Ponteareas, 18 de enero de 2023

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