Ajedrez por Zenón Franco: Crítica de libros (1), “¡Jaque Mate!”

Hoy inauguramos una sección nueva, la de crítica de libros, solo lo haré de obras que me hayan gustado.

Checkmate: Mikhail Tal y Sally Landau.
Checkmate: Mikhail Tal y Sally Landau.Zenón Franco

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En esta primera ocasión hablaré del libro de Sally Landau, la primera esposa de Mikhail Tal, ¡Checkmate! The love story of Mikhail Tal and Sally Landau, publicado en inglés por Elk and Ruby en 2019; todavía no está traducido al castellano.

El ajedrez no es el tema principal, sino parte de la vida personal de uno de los más grandes de la historia del ajedrez, el letón Mikhail Tal. Creo que no hay un libro similar, que trate sobre la vida amorosa de un campeón mundial de ajedrez.

La personalidad de Mikhail Tal

Antes de comentar parte del libro, recordemos un poco qué clase de persona era el octavo campeón del mundo Mikhail Nekhemyevich Tal (Riga, URSS, 9 de noviembre de 1936 – Moscú, Rusia, 28 de junio de 1992).

Jan Timman cuenta en Timman’s Titans My World Champions que Mikhail tenía tres pasiones, el ajedrez, el alcohol y las mujeres.

“Tal tenía una enorme urgencia por vivir tan libremente como fuera prácticamente posible. Su fascinación por las mujeres era impresionante. Uno de sus mejores amigos me contó después que, tras haber ganado una partida, Tal llamó a tres mujeres y a cada una de ellas le dijo lo mismo: ‘Al pensar en ti, fui capaz de ganar mi partida”.

Tal, que era querido y admirado en todos los lugares, solo vivió 55 intensos años, se sumergió de pleno en sus tres pasiones, acelerando las etapas, sin freno, al límite.

Como señaló Sosonko: “Al quemar su vida, sabía que no había otra, pero no quería y no podía vivir de otra manera”.

Sally, su gran amor

A pesar de conocer plenamente esa pasión de Tal por las mujeres, Sally Landau, la primera esposa de Mikhail Tal, escribió en el prólogo del libro, “Para mí, Misha seguirá siempre siendo mío”.

Añadió que todos los que lo conocieron, sus amigos, sus otros amores, tienen su Misha, pero para ella fue su primer esposo, su primer amigo sorprendente, “el padre de nuestro hijo Gera, que soporta el mágico apellido Tal...”.

Un libro singular

Sally Landau describió al libro como “Un recuerdo de mis relaciones con Misha, acompañando nuestra extraordinaria pero complicada vida juntos… un recuerdo de nuestras relaciones al principio íntimas, luego como familia, tiernas y a la vez contradictorias. Momentos brillantes en nuestra vida y momentos tristes también. Relaciones constantemente coloreadas por el arco iris de la personalidad profunda, compleja, cándida y a la vez misteriosa de Mikhail Tal…”.

Sally cuenta que fue el propio Tal, en París, en 1991, quien le pidió que escribiera el libro; el libro muestra a un Tal completamente honesto (en su manera particular), generoso, incapaz de hacer daño a nadie, algo que también señaló Genna Sosonko en su descripción de Tal para New in Chess.

Es un libro único, intenso, “Misha es Misha”.

La música, un nexo común

Sally era un talento para la música, el canto, el teatro y la danza. Estaban en sus genes.

El libro, en su versión rusa, se escribió en 1998, Sally aclaró que no está emparentada con el famoso Landau, no el ajedrecista, ni el actor, sino Lev Davidovich Landau (1908 – 1968) el físico y matemático soviético que ganó el Premio Nobel de Física en 1962.

Era una mujer hermosa, pelirroja, se conocieron en una fiesta de fin de año en Riga en 1958, él con 22 años y ella 20.

A ella él no le produjo un gran impacto, no le interesaba el ajedrez ni le producía nada especial (a diferencia de todo el mundo) conocer al futuro campeón del mundo del ajedrez, porque en Riga había muchas personas célebres y él era un famoso más.

Para Tal fue diferente, quedó hechizado.

Se vieron poco después en casa de los padres de Tal, y le pidieron que tocara el piano, ella eligió La elegía de Rachmaninov, y con los años la tocó innumerables veces para él.

Luego cantó una canción famosa “No te he dicho todas las palabras”, que se convirtió en un “código secreto” entre ambos.

“No te he dicho todas las palabras, las perdí en el camino. No te he dicho las palabras correctas. Es tan difícil encontrarlas”.

Con el tiempo se separaron, “…pero mi teléfono podía sonar de repente y desde algún lugar en Buenos Aires o Río de Janeiro estaba segura de escuchar ‘No te he dicho todas las palabras’ cantada para mí…”.

Tal se iba a jugar el Campeonato de la URSS a Tiflis (9 de enero al 11 de febrero de 1959) y le preguntó si podía llamarla por teléfono desde allí, ella aceptó, sin imaginarse que la llamaría todos los días.

Empezaron a verse más y más, y comenzaron una relación amorosa. A ella, los padres de él le cayeron muy bien.

Una separación “definitiva”

Tal era muy posesivo y a veces discutían fuertemente. En esos pocos meses se separaron tres veces, a Sally la tercera le pareció definitiva, como también lo creyó las dos veces anteriores.

Sucedió poco antes de que él fuera a jugar a Zúrich (19 de mayo al 8 de junio de 1959), ella estaba convencida de que la historia se había acabado, y mental y emocionalmente decidió pasar página.

En cambio Tal sufrió un colapso nervioso y estaba en cama, sin levantarse y sin comer.

La madre de Tal, que estaba deprimida, le rogó a Sally, a través de una persona querida por ambos, que fuera a verlo para sacarlo de ese trance.

Resumiendo, ella no lo hizo. Recordemos que Sally tenía una personalidad muy fuerte.

Igualmente, los médicos lograron meterlo en el avión y Tal fue a jugar a Suiza.

Todo lo que leemos sobre Tal y otros campeones, omiten casi toda su vida personal.

¿Quién hubiera imaginado que Tal estaba en esas condiciones antes de ir a Zúrich?

¿No es asombroso que, estando así, su espíritu ganador lo hiciera recuperarse y ganara ese torneo delante de Gligoric, Fischer, Keres, Larsen, etc.?

Varios años después de que Tal fuera a Zúrich, la madre de Tal, le dijo a Sally: “Ustedes me recuerdan a dos animales obstinados y desobedientes que se muerden y se arañan constantemente, pero tan pronto como se apartan uno del otro y van a sus rincones, ya no comen y pueden morir de depresión”.

Sally y “Murochka” (así llamaba Tal a su madre) tuvieron una relación adorable hasta el final, Sally admiraba lo sabia que era su suegra, y admitió que los años demostraron que tenía razón.

Tal se fue a Suiza y Sally, a los pocos días, se fue a Vilna con su grupo de teatro.

Sally quería dejar atrás la historia con Misha, lo intentó con todas sus fuerzas, pero le era muy difícil, y además todo “conspiraba” para que no tuviera éxito.

Uno de sus compañeros de reparto, el actor Roma Veksler (es el mismo apellido que el maestro argentino Bernardo Wexler, que fue profesor mío en Boca Juniors, poco después de que aprendiese a jugar), tuvo un rol desencadenante inesperado.

Un día mientras esperaban un bus, Veksler se le acercó y le dijo, “Mira, Sally, has rechazado a Tal, dicen, no parece que le haya importado –logró el primer puesto en Suiza-, mientras que para ti ‘la felicidad estaba tan alcanzable, tan cerca”. (Es una frase de una obra de Pushkin).

Eso tocó el orgullo de Sally y cuando Roma dijo, con otras citas literarias que Tal pronto iba a tener otra chica, fue demasiado para la veinteañera y le apostó lo que quisiera que solo necesitaba telefonear a Tal y él vendría volando.

Sally no estaba tan segura de que fuera así, pero su orgullo la obligó a decir eso y se hizo la apuesta, aunque sin nada en juego.

El reencuentro

Luego comentó cómo a veces sucesos inesperados y aparentemente sin importancia pueden tener consecuencias tan importantes, “¿Quién hubiera sabido que Roma Veksler me provocaría para hacer una apuesta infantil y llamase a Riga, lo que tendría un rol crítico en mi futuro, y no solo en el mío?”, se preguntó Sally.

Los padres de Sally estaban desolados por la separación de su hija y Tal, les alegró enormemente ver que tras una actuación su hija los visitó y desde allí llamó a Tal a Riga, “Misha, le dije como si nada hubiera pasado entre nosotros, ‘Estoy en Vilna en una gira. Ven a visitarme si quieres’ y colgué”, escribió Sally.

Mucho después Sally se enteró de que Tal, con su “corazón muy grande”, tenía una novia en Moscú, la famosa pianista Bella Davidovich.

Los padres de Tal veían bien que Tal se casase con ella, pero al aparecer Sally en la “órbita”, sus preferencias cambiaron radicalmente. No obstante, no parece que Tal cortase del todo la relación con Bella Davidovich.

El día de la llamada Tal fue de inmediato a la habitación de su madre y le dijo “¡Murochka! Estaba planeando ir a visitar a Bella, pero Sally me acaba de llamar. ¡Haré lo que tú digas!”, le dijo.

Dos años después de que Misha y Sally se casaran, la madre de Misha le dijo “¡Querida hija! Créeme, no hubiera importado lo que le contestase a Misha, él hubiese ido a Vilna. Por lo que le di una respuesta evasiva, ‘Haz lo que tu corazón te diga”.

Al día siguiente Tal ya estaba en Vilna, su llegada causó una doble conmoción, porque “el mago Tal” estaba en Vilna y porque había ido a visitar a una chica de Vilna, Sally Landau.

Tal se quedó en casa de los padres de Sally y recibían visitas constantemente, de gente cercana y no tanto, que querían conocer a Tal, y quedaban encantados por la forma en que los trataba.

Una combinación muy bien calculada

Además de recibir visitas asistían a toda clase de reuniones sociales y empezó a circular el rumor de que Tal le había pedido matrimonio a Sally.

“Un día del ahora distante 1959, en una recepción en honor a Tal”, el maestro Isakas Vistaneckis repentinamente se levantó y propuso levantar las copas “a nuestra compatriota Sally Landau, que se casará con un representante de nuestra fraternal república báltica”.

Todo el mundo se levantó entusiasmado, y empezó a chocar las copas con ellos y llovieron las felicitaciones, la orquesta tocó algo acorde con el momento, etc.

Sally miró con asombro a Misha, pero él se encogió de hombros e hizo un gesto de desconocimiento. “luego se inclinó hacia mí, me besó en la mejilla y dijo tranquilamente ‘Vistaneckis es un maestro fuerte y es improbable que haya calculado mal”.

Sally no sabía qué hacer, ¿negarlo?, ¿enojarse? Hubiera sido horrendo, aceptó las felicitaciones de la gente y se unió a la alegría general.

¿Qué había pasado? Sally lo explica: “Estoy segura de que Tal usó la boca de Vistaneckis para llevar a cabo una de sus arriesgadas combinaciones ganadoras”, Tal quiso poner claridad a la relación, estaba seguro de que ambos se amaban, “No fue Vistaneckis el que no había calculado mal, fue Tal el que había calculado bien”.

Ese fue el comienzo de la relación afectiva más importante de Misha Tal. Se casaron a fines de 1959, cuando Tal volvió de ganar el torneo de Candidatos de Yugoeslavia, y con ello el derecho a desafiar a Mikhail Botvinnik por el título mundial.

Tuvieron un hijo, Gera, un dentista que vive en Beersheva. Él escribió uno de los tres capítulos, Tal no llamaba a nadie cercano por su nombre, a él le decía “Gus”, “Gusevich” o “Gusenich”.

Él describe la extraña relación entre ambos, atípica, como no puede ser de otra manera, entre un genio y todo lo que le rodea. Me recordó un poco a lo que Liliana Najdorf cuenta sobre su relación con otro genio, su padre.

Gran parte del tercer y último capítulo del libro trata sobre los problemas de pareja que tuvieron y que llevaron a la separación.

Sally logra transmitir muy bien sus emociones y sentimientos (mérito también del traductor y editor Ilan Rubin). Para saber esos detalles está el libro.

Recordemos una de las victorias de Tal en Zúrich 1959.

GM Zenón Franco Ocampos

Ponteareas, 12 de abril de 2023

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